domingo, 25 de octubre de 2009

01 - Con los ojos del alma

Moonlight Sonata
Con los ojos del alma




Harry suspiró por enésima vez en la noche.

¡Esto no le debería estar pasando a él!

Por culpa de Malfoy y Snape se encontraba nuevamente en detención. Al menos McGonagall se había encargado que el Slytherin también recibiera la parte del castigo que merecía. Lamentablemente esto implicaba que un paseo por el Bosque Prohibido se había transformado en cinco interminables horas junto al rubio príncipe de la casa de las serpientes.

Supuestamente debían encontrar un ingrediente imprescindible para una poción que Snape estaba probando, se trataba de un gusano que aparecía en las noches de luna llena a alimentarse de carroña. Llevaban horas dando vueltas y hasta ahora no habían encontrado nada parecido. Aunque sólo sabían que eran negros, por lo que no se veían muy bien a la luz de la luna y eso les daba más trabajo del necesario.
Harry estaba completamente hastiado y lo único que quería era volver pronto al castillo.

-Deja de suspirar, Potter. Probablemente eres tú y ese ruido que haces, como de rinoceronte, lo que está ahuyentando a esos bichos-dijo Malfoy, unos pasos más adelante en el sendero.

-No estoy de ánimo para escucharte-respondió Harry-. De partida es tu culpa que estemos aquí.

Draco se giró tan rápido que Potter casi no notó en el momento en que el rubio lo tenía apretado entre el tronco de un árbol y su cuerpo, Sus rostros estaban a escasos centímetros entre sí y Harry podía ver cómo un ligero fuego iluminaba esos ojos grises que siempre consideró tan fríos.

-Mira, Potty Potter, estoy tan cansado como tú aquí, congelado hasta los huesos y mojado. Estoy aburrido de esta búsqueda y odiando a estos bichos tanto como tú-dijo en un susurro furioso, su aliento con olor a ron golpeando ligeramente el rostro de Harry-, pero lo que más me molesta no son los gusanos, ni la noche, ni la lluvia, ni el frío, ni la fiesta que me estoy perdiendo por estar castigado aquí; lo que más me molesta es que cada cinco segundos tú suspiras, ¡cómo una damisela en desgracia! Sorpresa, Potter, estamos solos aquí, y a menos que quieras que sea yo quién te salve será mejor que te guardes tus suspiros para alguien a quien le interesen.

Un fuerte silbido cortó el silencio de la noche, distrayéndolos de su discusión. Desde esa dirección se escuchaban débiles gritos, aullidos y una risa femenina que se acercaban cada vez más hacia ellos.

-¿Qué es eso?-preguntó Malfoy, con un toque de nerviosismo en su voz.

-Probablemente tus amigos mortífagos,-gruñó Harry, cambiando sus posiciones y empujándolo contra el árbol- ¿les dijiste dónde estaríamos? ¿Cómo les avisaste de nuestra ubicación?

-Yo no dije nada, puedes creerme. Lo menos que quiero es encontrarme con uno de ellos-respondió el rubio, con el temor tomando cada vez mayor posesión de sus facciones-. No sé tú, Potter, pero yo me largo de aquí-.No bien hubo dicho eso Malfoy logró zafarse de los brazos de Harry para salir corriendo en dirección al castillo, sin preocuparse si quiera si el moreno lo seguía o no.

-No entiendo, Malfoy, ¿no son ellos tus amigos?-preguntó Harry, en son de burla, en cuanto lo alcanzó-. Desde que eras un niño que nos vienes diciendo cuanto quieres parecerte a ellos y ahora que los tienes cerca… ¿escapas?

-Cuando niño uno dice muchas cosas, Potter, y es muy distinto hablar por lo que escuchas de tus padres que ver con tus propios ojos lo que hacen los mayores-respondió el rubio, sin darse vuelta, pero en sus palabras se podía percibir que algo había cambiado en él. Ya no hablaba con la arrogancia que lo caracterizaba, sino con un entendimiento del mundo que lo hacía ver bastante mayor a su edad.

-Viste a Voldemort-dijo Harry, no como pregunta si no que asumiendo que eso podría haber gatillado aquel extraño cambio en el chico.

-Mi padre me llevó para que viera que tenía un heredero dispuesto a servirle-dijo Malfoy, una sonrisa irónica cambiaba el sonido de su voz a medida que hablaba-. Después de su reunión vomité todo lo que tenía en el estómago, que no era mucho realmente.

-Deberías hablar con Dumbledore-dijo Harry, tratando de no olvidar poner atención a su alrededor. No debía olvidar que se encontraban arrancando de una manada de lobos, no tomando un paseo por el bosque.

-¡Ha! ¿Y destruir cualquier opción de vivir tranquilo?-preguntó Draco, por primera vez girándose para ver a Potter a los ojos y decir muy seriamente:- No tienes idea lo que les hacen a los traidores.

-Sé más de lo que crees, Malfoy-dijo Harry, justo en el momento en que un aullido más cercano que los anteriores los hizo mirar hacia su derecha. Ahí, mirándolos fijamente se encontraba lo que parecía ser un enorme lobo. Ambos se detuvieron más por instinto que sabiendo lo que estaban haciendo.

-Vamos a morir-susurró el rubio, el miedo apoderándose de él.

-Cuando yo lo diga saldrás corriendo, Malfoy, ¿me entendiste? Irás donde Dumbledore y le dirás que es muy probable que haya mortífagos en el bosque. Yo distraeré al lobo.

-¿Qué?-susurró Malfoy, más asustado que nunca-¿Pretendes pelear con el lobo, Potter? ¡Nada de eso, si después te mueres me culparán a mí y no me dejarán en paz!

-Si me muero les dices que fue mi puta culpa, que quise hacerme el mártir, Snape
sin duda te creerá-dijo Harry con una sonrisa irónica que el rubio no logró reconocer en el niño maravilla-. El lobo viene por la derecha, en cuanto te diga “ya” corres hacia la izquierda y no paras hasta llegar al castillo… ¡YA!

En ese mismo momento el lobo saltó frente a ellos, gruñendo y mostrándoles los dientes amenazadoramente. De un salto tiró al rubio al suelo, sus fauces a centímetros de su rostro, su aliento cálido rozándole el cuello mientras la bestia lo olfateaba, gruñendo. Un hechizo arrojado por Potter lo sacó de encima segundos antes que el animal le mordiera el cuello. Malfoy no tuvo que pensarlo dos veces para empezar a correr, escuchando los hechizos de Potter mientras distraía al animal. Después de un par de minutos Draco descubrió que ya no había nadie persiguiéndolo. Estaba completamente sólo, incluso los encantamientos de su compañero habían desaparecido. De pronto un grito desgarrador cortó el aire y atravesó sus oídos.

El miedo comenzó a inundarlo.

El castillo se podía ver por entre los árboles y sabía que si avanzaba un par de metros estaría fuera del bosque, cada vez más lejos del peligro. Pero también podía notar que los gritos de Potter se distanciaban más entre ellos. La certeza de que el Gryffindor estuviera muerto se volvía cada vez más grande y, por mucho que lo pudiera negar después, la idea de una vida sin la estrella del mundo mágico lo aterraba en muchos sentidos.

Aún pensándolo, y sabiendo que podía estar cometiendo el más grave de los errores, Malfoy sacó su varita y respiró profundo para darse ánimo, buscando en algún lugar de su corazón el valor que requería lo que iba a hacer. Lo único que podía hacer era ir a ver si Potter estaba vivo, llegar a Hogwarts habiéndolo dejado a merced de lobos y mortífagos sólo implicaba que no habría un lugar para él en el lado de la luz si es que decidía cambiarse. Además… se lo debía, Potter acababa de salvar su vida, y esa deuda era más poderosa que cualquier magia.

Mientras caminaba en dirección a donde había oído los gritos por última vez se mentía: se contaba historias sobre cómo Dumbledore ahora pensaría dos veces en dudar su postura política, cómo quizás ahora él también saldría en los periódicos como el Niño Que Salvo Al Niño Que Vivió. Dentro de su corazón, sin embargo, sabía que todo era mentira.

El sonido de alguien respirando con dificultad le daba ligeras esperanzas, y guiaba sus pasos en dirección de sollozos que de a poco se hacían cada vez más leves. Escondido tras el tronco de un árbol se cercioró que el peligro hubiera pasado, sin duda ese era el lugar donde estaba Potter.

En medio de un claro se encontraba el joven, en posición fetal y cubierto de sangre. Su cuerpo se encontraba tenso. Junto a él había un lobo, con sangre en el hocico. Por un momento Draco pensó que debía haber vuelto al castillo, que iba a morir tal como Potter, hasta que sintió el lamento del animal entre ellos. Como si se hubiera dado cuenta de lo que acababa de hacer el lobo lloraba junto al cuerpo del Gryffindor, con una pata sobre su nariz.

El rubio lanzó un hechizo contra el arbusto más cercano, prendiéndolo en fuego, el lobo salió corriendo inmediatamente. Una vez Potter estuvo sólo Malfoy se acercó. El chico estaba inconsciente, respirando entrecortado, sus gafas se habían caído y su mano apretaba firme su varita. El rubio pasó un brazo bajo sus rodillas y otro por debajo de sus hombros, sorprendido de lo liviano de su enemigo. Cuidando que su carga no se le resbalara Draco empezó a caminar en dirección al castillo rogando, tal y como hacía cuando estaba en casa, que no se apareciera ningún mortífagos en su camino.








Al día siguiente Harry despertó con el sonido de una conmoción, parecía que alguien estuviera gritando en las cercanías. Sentía que su cabeza daba vueltas y su cuerpo dolía como si una aplanadora hubiera pasado por encima. No estaba en condiciones de escuchar a nadie gritando.

-¿Sólo quiero saber qué demonios le hiciste, Malfoy?-gritaba una voz femenina, colérica, que Harry reconoció como la de Ginny.

-Yo no le hice nada, Weaselette- exclamó éste, arrastrando las palabras.
Aún cuando sabía que debería abrir los ojos los mantuvo cerrados. No los quería abrir. Por el olor a pociones del lugar, y la luz que sentía sobre su cuerpo podía prácticamente apostar un brazo a que estaba en la enfermería.

-¿¡Entonces por qué no ha despertado?! ¿¡Por qué nadie sabe lo que tiene?!

-Cálmese, señorita Weasley-dijo Dumbledore, con una sonrisa en el timbre de su voz-. Tengo la impresión que el señor Potter nos acompañará en unos segundos.

“Uh oh, Dumbledore está aquí y sabe que estoy despierto. Será mejor que abra los ojos”-pensó Harry. Empezó a abrir los ojos, pestañeando lentamente, como quien se incorpora de un sueño tranquilo.

-¡Está despertando!-exclamaron una cuarta y quinta voz que Harry identificó inmediatamente como Ron y Hermione.

El moreno abrió los ojos y miró a todos lados sin entender porqué no veía nada. No era como se veía el mundo cuando era de noche y las luces estaban apagadas, en que la luz de la luna algo hubiera iluminado, sino que simplemente no veía nada. De cierta forma era parecido a la manera en que se sentía el mundo cuando era pequeño dentro del cuarto bajo las escaleras en casa de los Dursley. Una absoluta y negra oscuridad.

-¿Quiénes están ahí? ¿Qué pasó?-preguntó.

-Dumbledore, Hermione, Ginny, Malfoy, Padfoot, Pomfrey y yo-respondió Ron-. ¿Te sientes bien? ¿Qué pasa, no nos ves?

-¿Ron?-preguntó Harry más para confirmar que nada. Luego de hacer la preguntar sintió una mano tomar la suya, reconfortante-. No veo nada, absolutamente nada. Es como si hubieran apagado las luces, o me hubieran dejado ciego.

Sintió los pasos de alguien que caminaba en dirección de su camilla, los escucho reverberar en el piso y los sintió en su piel más y más fuerte a medida que se acercaban. Una lengua áspera lamió su mano, informándole de la presencia de su padrino.

-Harry, necesito que me contestes un par de preguntas-dijo Dumbledore, sentándose en el borde de la cama-. ¿Recuerdas algo de lo que pasó antes de que cayeras desmayado?

-A decir verdad no recuerdo absolutamente nada, es como si hubieran borrado la noche de mi cabeza.

-Pero… ¿Recuerdas lo que pasó… esa tarde, por ejemplo?-preguntó Pomfrey, con un timbre muy ansioso en su voz.

-Tomé el té con Hagrid en la tarde, luego mientras iba a la torre de Gryffindor me encontré con Malfoy quien me empezó a molestar. Como siempre Snape apareció y me dio una detención por haber estado peleando, tenía que ir a buscar algo al Bosque Prohibido, creo… pero nada más-dijo Harry, tratando de recordar lo máximo posible de un día que ni siquiera estaba seguro de cuánto tiempo antes había ocurrido.

-¿Dumbledore?-preguntó Pomfrey, como corroborando que aún se encontrara ahí.

-Sí. Creo que nuestras sospechas son ciertas-el lastimoso aullido de Sirius le llamó la atención, pero no se atrevió a preguntar qué pasaba-. ¿Podrían dejarme sólo con Harry? Quisiera explicarle algunas cosas. Dentro de poco, si Harry estima conveniente, se enterarán.

Las pisadas de sus amigos al salir de la enfermería retumbaron sobre el piso de piedra y las paredes. El sonido de las cortinas alrededor de su cubículo al cerrarse y la pronunciación de un potente hechizo silenciador le distrajeron de los ecos de la habitación.

-Harry-dijo Dumbledore, tomando las manos del chico, entre las suyas. El contraste de las viejas y arrugadas manos del director y las propias le dio escalofríos-. Hace ya tres noches el señor Malfoy llegó cargándote al castillo. Venías cubierto de sangre y heridas por todo el cuerpo. Según Draco nos informó habrían escuchado voces en el bosque, probablemente de mortífagos, y aullidos de lobos en la cercanía. Dijo que tú le habrías incitado a arrancar pues había dos lobos persiguiéndolos.

Harry trató de encontrar en su mente recuerdos de lo que el director le comentaba, sin poder encontrar nada de lo que le decían. ¿Podía ser que lo que hubiera pasado en el bosque hubiera afectado su memoria? ¿Era por eso que estaba ciego ahora? Seguramente era algo pasajero pero si no…

-Aparentemente le dijiste al señor Malfoy que viniera al castillo a alertar de la presencia de mortífagos en el bosque, mientras tú distraías a los lobos. Solo que él no volvió al castillo sino que volvió a ayudarte, donde te encontró en el piso, cubierto de heridas y mordidas de lobos-por un par de segundos Dumbledore calló, tratando de encontrar la fuerza para pronunciar las siguientes palabras-. Creemos que el lobo que te mordió era un licántropo.




No hay comentarios: