Siesta en la tormenta
Draco se levantó de la camilla en el instante en que Dumbledore salió de entre las cortinas que lo separaban de Potter, sin siquiera darse cuenta de lo que estaba haciendo lo miró como suplicándole que lo dejara cruzar las piezas de género que lo distanciaban del Gryffindor. El director sonrió con anticipación y tristeza, pero sin dar su aprobación al silencioso pedido. En cuanto se encontró solo el rubio no tardó tiempo en bajar de su camilla, recorriendo la distancia entre ambas tan rápido como sus débiles piernas pudieron. Entró silenciosamente al cubículo del moreno, sin saber realmente qué estaba buscando.
Potter estaba llorando.
Cuando Draco lloraba tendía a hacer escándalo, hipar, a sentir su nariz húmeda y gritar a todo aquel que se le cruzara. Potter no, su llanto era callado, la única seña de este eran las lágrimas que corrían por sus mejillas, sólo eso. El moreno ni siquiera se esforzaba en parar su curso o reprimirlas, sino que las dejaba correr. Tenía las manos sobre su regazo, la mirada perdida y la boca cerrada con fuerza. Podría haber jurado que ni él mismo sabía que estaba sollozando.
-¿Estás bien, Potter?-preguntó Malfoy, con una de sus manos afirmándolo a la cortina.
Potter no respondió. No hizo caso alguno. Fue entonces que Draco entendió el porqué podía su enemigo estar llorando: el chico estaba ciego de momento, al menos esperaba que fuese algo momentáneo.
Malfoy se acercó a la camilla y se sentó donde segundos antes el director había estado. El Gryffindor pareció reaccionar al movimiento de la cama y giró su cabeza en dirección a Draco. Los ojos verdes se clavaron en los grises del chico de cabello rubio, como perforándole el cerebro, internándose en sus sentimientos, jugando con su alma.
-¿Estás bien, Harry?-preguntó de nuevo, usando su nombre de pila inconscientemente y poniendo una de sus manos sobre las del otro chico.
Potter abrió la boca sin poder articular palabra alguna. Las lágrimas vinieron a sus ojos con más fuerza y las dejó recorrer libremente.
-No puedo…-empezó después de un momento-No… no lo entiendo… no es verdad…
Harry se sacó los lentes y trató de ponerlos donde asumía que estaba la mesita lateral, mas su mano falló y sus gafas cayeron al suelo. Draco las recogió por él y las puso en su lugar, Potter al escuchar esto ahogó un suspiro de enojo y frustración.
-¿Estás bien?-preguntó el rubio por tercera vez, con una paciencia que ni él mismo reconocía. ¿Por qué era que la presencia del niño dorado de Dumbledore ya no le provocaba ira como antes si no una impresionante curiosidad?
-No, Malfoy, no estoy bien-suspiró Harry, con una patética risita-. Y no sé si alguna vez llegue a estarlo…
No bien hubo dicho esto el moreno se recostó nuevamente, girando su cuerpo en la dirección contraria a la de Draco. No quería ver a nadie en ese momento, no quería que nadie lo viera, no quería nada. Sólo gritar y escapar de todos lados, sin detenerse hasta estar lo suficientemente fatigado como para olvidar sus problemas.
-Vete, Malfoy, no quiero hablar con nadie. Mucho menos contigo, no quiero pelear.
El príncipe de Slytherin se levantó de la camilla con el corazón hecho pedazos. Sentía un nudo en la garganta que prefería atribuir a la rabia que a la pena que le daba el que su pasado siguiera saliéndole al paso. Las posibilidades de poder empezar una vida más allá de Voldemort, a salvo entre los magos blancos, se hacía cada vez más improbable. Quizás Potter lo estaba culpando de lo que pasó, después de todo él no había seguido sus instrucciones y había vuelto por él. Dumbledore habría podido ayudarlo en el lugar mucho mejor de lo que Draco jamás hubiera podido. Pero, pensándolo bien, hasta ahora no le había gritado ni arrojado ningún hechizo, si pensara que él era el culpable habría hecho algo en venganza. No, lo más probable es que estuviera pasando por un ataque de angustia con respecto a su nueva situación y ni siquiera le estuviera poniendo atención.
Cuando era pequeño y se sentía culpable su niñera solía cargarlo en brazos y cantarle canciones hasta que se calmara. Probablemente Potter jamás había tenido alguien que hiciera eso por él, si los rumores eran ciertos, así que con ese pensamiento en mente Draco caminó hasta el otro lado de la camilla, se acostó junto a Harry y lo abrazó con fuerza.
Harry se asustó en un principio, no había esperado jamás esa reacción, al contrario, pensaba que Malfoy
había hecho caso a sus palabras y se había ido. Podía imaginarse perfectamente su rostro, apoyado suavemente sobre su hombro, pero sonriendo con burla, incapaz de esperar el momento en que le dejaban irse de la enfermería para poder irle a contar a sus compañeros lo patético que era Potter mientras lloraba.
Aunque eso no explicaba su abrazo, ni la impresionante calidez que sentía en su pecho mientras el rubio le acariciaba la espalda. Nunca había sentido algo así, algo tan cercano e íntimo, un acto tan simple y que podía traer tal sensación a su cuerpo.
Nuevamente sintió unas ganas impresionantes de llorar y de gritar. De por un momento olvidarse de todo y rendirse a lo que su cuerpo pedía. Forcejeo entre los brazos de Malfoy, no quería que lo volviera a ver así de débil, no quería que lo viera rendirse nuevamente, perder la batalla contra sus lágrimas. Pero nos brazos no se movieron, al contrario, sólo reanudaron con más fuerza su misión de hacerle sentir protegido.
Y por un momento Harry se volvió a sentir como un niño. Ya no era el chico que iba a salvarlos a todos, ni el chico que una profecía había convertido en un arma. Sólo era Harry, era el niño que vivía bajo las escaleras y lo único que quería era un abrazo que le hiciera olvidar lo solo que estaba, lo inútil que era su existencia, sólo era un niño que quería ser amado.
Las lágrimas volvieron a Harry con más fuerza, ya no sólo por su nuevo problema sino por todos esos años en los que sintió que no habría un futuro para él, por su inocencia perdida, por su infancia desperdiciada, por todos esos juegos que nunca jugó y por toda esa gente que jamás supo que debajo de esas ropas demasiado grande había un niño como cualquier otro, con unas ganas impresionantes de ser entendido y amado.
¿Cómo podía alguien seguir sufriendo tanto? ¿Era su vida tan innecesaria que todos los sufrimientos por los que nadie quería pasar tenían que recaer en él? Ya no quería más. Harry sólo quería ser Harry, sólo quería ser normal.
Y nunca más lo sería.
Siempre estaría solo, de ahora en adelante nadie querría estar con él, jamás podría tener una familia, jamás vería a sus hijos corretear con los de Ron y Hermione, quizás nunca más vería a sus amigos… Después de todo nadie quiere ser amigo de alguien que una vez al mes te puede matar. Harry estaría siempre solo.
¡Dios! No quería ese futuro para él, no quería eso para él, ¿por qué mierda tenía que ser él? ¿No había sido suficiente ya?
El sólo quería un futuro normal, una familia, y ya no tenía derecho siquiera en pensarlo. Nadie podría querer a alguien como él.
-Potter, no tengo idea de lo que te pasa, pero yo estuve allá contigo, con el lobo. No sé exactamente qué pasó pero sé que experimenté el mismo miedo que tú, que no es nada de qué avergonzarse… y que esto de tus ojos será sólo temporal-dijo Draco, pero fue interrumpido por la voz quebrada de Potter.
-No es eso, Malfoy-dijo, las lágrimas corriendo por sus ojos hinchados-. Tú jamás entenderás lo que tengo que sufrir ahora, nadie lo entenderá. Por favor vete, quiero estar solo.
Draco se separó de él ligeramente, y lo vio hundir su cabeza en la almohada, sus ojos abiertos de par en par como si esperar ver algo en el cielo de la habitación. El miedo estaba más presente que nunca en ellos. El rubio tomó el rostro de su enemigo entre sus manos y plantó un suave beso sobre su frente.
-No importa lo que digas, Harry, nunca estarás solo-dijo antes de levantarse de la camilla y dirigirse hacia las cortinas-. Si necesitas algo o decides contarme de una vez por todas cómo estás, estoy en la camilla de la izquierda.
Con esas palabras Draco salió del cubículo. Y mientras Harry ponía una mano sobre sus ojos y volvía a llorar él lo miraba. Podía escuchar sus sollozos, y su corazón se quebraba un poco con cada respiración entrecortada del chico. Nunca había visto a alguien llorar así, y estaba seguro que de volverlo a ver en otra persona no sería capaz de reaccionar igual. Había algo en el hecho de ver a quien fue su enemigo por tantos años a punto de colapsar que era inexplicable, no era lo que esperaba. Todo el tiempo que había pasado en el colegio había asumido que ver llorar a Potter habría sido un premio que se merecía más que nadie, ahora que por fin lo había visto sabía que haría todo lo posible por evitarlo.
Las personas como Potter no lloraban, eran fuertes las 24 horas del día. Ellos no tenían problemas, no tenían temores ni monstruos en su closet. En cambio el chico que tenía en frente los tenía en demasía. Potter era fuerte porque no dejaba que sus demonios manejaran su vida, pero era humano. Hoy Draco lo vio más sensible que nunca y sabía que sin importarle qué… ese Harry le agradaba bastante más que el enemigo que solía conocer. Tanto que ya lo estaba empezando a considerar un amigo a quién proteger.
Se recostó en su camilla y esperó callado a que Potter cayera dormido, para poder velar su sueño sin que él lo notara.
Ron y Hermione le habían ido a visitar ese día. Harry no tenía idea si ellos ya sabían de su posible situación o no, pero no se sentía en condiciones de verlos, de aceptar su mirada sin saber exactamente qué iba a ser de él. Cuando Madame Pomfrey fue a preguntar si quería recibir gente Harry fingió dormir, sabiendo que la enfermera jamás dejaría que alguien molestara a un paciente durmiendo.
De cierta forma se sentía culpable por haberse negado a sus amigos, pero no la opción de verlos sabiendo que quizás luego no volvieran a hablarle era demasiado para él. Prefería estar solo.
Eso había pasado en la mañana y varias veces más durante el día, hasta que de tanto fingir un sueño profundo terminó durmiendo de verdad. Esa era la razón por la que ahora se encontraba despierto. Tenía la impresión de que estaba amaneciendo, pero no podía estar seguro de nada. ¿Cómo saber el color del cielo a través de la ventana cuando no podías ver?
No tenía sueño, había dormido demasiado y se sentía demasiado lleno de energía. Si tan sólo pudiera salir un momento de la enfermería podría ir a la cancha de Quidditch y sentir durante un rato el pasto en sus manos, el viento en su cara, el frío de la niebla de los campos de Hogwarts y pensar durante un par de segundos que estaba volando.
Puso atención a sus alrededores, si Pomfrey estaba despierta lo más probable es que se ganaría un gran regaño, pero tenía la impresión que era bien entrada la noche y no habría nadie despierto como para detenerlo. Se afirmó de la mesa de noche entre su camilla y las cortinas. Se puso unas pantuflas, más por costumbre que por frío, y empezó a tantear el camino afirmándose de los muros. Dobló a la derecha, luego a la izquierda. Había recorrido este camino mil veces, aunque por lo general desde la cancha a la enfermería.
Los terrenos del castillo parecían para Harry como detenidos en el tiempo. Podía escuchar el viento a lo lejos, moviendo las copas de los árboles, pero era incapaz de sentirlo golpear su cara. Suspiró apesadumbrado y se sentó en el piso, junto a la puerta por la que había salido. Si el clima no era adusto tenía poco sentido el aventurarse más en los campos, después de todo no estaba realmente seguro si podría volver. Al menos el aire estaba menos viciado, más fresco que en la enfermería. Si no podía disfrutar del viento al menos disfrutaría del olor del aire, que hablaba de una tormenta próxima, como la que sentía en su corazón.
Draco despertó sobresaltado. Sus frazadas habían caído al suelo mientras corría en sus pesadillas y el frío estaba congelándole los huesos. Durante la noche el fuego de la chimenea se había apagado y la enfermería se presentaba gélida y sombría.
Inmediatamente su mirada se fue a la camilla de Potter. El chico había estado durmiendo todo el día, en intervalos que él consideraba muy poco sanos. Se había saltado comidas, se había perdido las visitas de sus amigos y Madame Pomfrey no podía estar más feliz de que el moreno al fin descansara como debía. Draco tenía la impresión que estaba fingiendo.
A través de la sombra proyectada por la luz de la luna en la cortina notó que el cubículo de al lado estaba vacío. Esperó un par de minutos, quizás el chico había ido al baño, pero después de un rato se empezó a impacientar y fue a buscarle. Después de un par de puertas abiertas y cortinas corridas Draco dio al chico por perdido y empezó a impacientarse. ¿Dónde podría estar Potter en una noche tan fría? No lo podían haber dado de alta mientras él dormía y sus lentes aún se encontraban en la mesita de noche.
¿Podrían haber sido mortífagos?
Draco tomó una capa que había colgada de un perchero y se la puso con rapidez mientras salía de la enfermería. Lanzó un pequeño hechizo para que su capa calentara su cuerpo. El frío de los pasillos era cada vez más fuerte y pudo notar que éste provenía de una puerta abierta, no muy lejos de él. Quizás Harry había pasado por ahí, quizás estaba solo o quizás lo habían raptado.
Apuró el paso hacia el exterior, por las ventanas veía caer la nieve y no pudo evitar pensar que sus pantuflas serían insuficientes si había caído mucha. Llegó a la puerta y miró en todas direcciones, una fina capa blanca cubría los terrenos en una resplandeciente postal del norte de Escocia. La luz de la luna iluminaba todo, haciendo resaltar la nieve y ocultando secretos en las sombras.
De pronto vio a Harry, durmiendo apoyado contra el dintel del portal que separaba el patio con los terrenos, en el suelo, su cabeza y pijama cubiertos de nieve. ¡Seguramente se estaba congelando! Draco corrió tan fuerte como pudo, evitando hundirse demasiado en la nieve, tiritando en el momento en que su capa voló al viento quitándole su única protección.
-¡Harry! ¡Potter!-exclamó Draco en cuanto llegó donde éste estaba. Le sacudió la nieve que lo cubría, preocupado por el aspecto morado de sus labios y la palidez de su piel. Le vio despertar un poco y decidió sacudirlo un poco para que reaccionara-. ¿Qué demonios haces durmiendo en la nieve?
-¿Nieve? ¿Cuál nieve?-preguntó Potter medio adormilado, despertando de su corta siesta. Giró la cabeza hacia donde había sentido la voz de Malfoy. La siesta le había relajado un poco, como si ser un hombre lobo, o no, fuera irrelevante. ¿Qué importaba si de ahora en adelante se transformaba? Eso no evitaría que Voldemort lo atacara, no traería de vuelta a los que se había sacrificado por la guerra, no cambiaba nada en el orden del mundo.
De pronto sintió que sus ojos empezaban a girar fuera de su control, confundiéndolo y mareándolo. Rotaban en sus órbitas a miles de vueltas por minuto y no podía hacer nada por detenerlo. Se llevó las manos a su cara, apretando con fuerza, gritando. Daba la impresión que su cabeza iba a estallar de un momento a otro. Esto no se sentía como cuando tenía una visión del señor Oscuro, esto era distinto, su cicatriz no era el centro del dolor sino sus ojos. Súbitamente el dolor cambió, no era una tensión por culpa de los giros sino unas punzadas que se atravesaban en sus ojos, cambiándolos, mutándolos. Sus globos oculares estaban cambiando de forma, lo podía saber por la presión que sentía contra su cráneo. El dolor era intolerable.
-¿Potter? ¿Qué pasa?-preguntó Draco, al ver el rostro adolorido de su compañero-. Volveremos a la enfermería ¿Puedes moverte?-Harry negó con la cabeza, y Draco le ayudó a levantarse.
-¿Tienes frío? Te prestaré mi capa-dijo sacándosela de los hombros y cubriendo el cuerpo de su enemigo en ella antes de tomarlo en brazos como había hecho unos días atrás cuando le había llevado desde el Bosque Prohibido. Esta vez Harry estaba ciego, adolorido y casi congelado, pero consciente.
-No te preocupes, no siento frío. La noche está demasiado tibia como para tenerlo-dijo mientras se tapaba los ojos, esperando que la presión de sus manos redujera en algo el dolor que sentía.
Se encontraban dentro del castillo, por lo que deberían estar un poco más protegidos de la inclemencia del tiempo, pero la puerta seguía abierta y el frío se colaba con fuerza. Ahora que el Slytherin había perdido su capa sentía el hielo colarse a través de los hilos de la tela de su pijama. Draco no pudo evitar ver por la ventana y observar que la tormenta estaba cada vez más cerca. Afuera el viento arreciaba con fuerza, como si quisiera arrancar los árboles de sus raíces y cubrir el suelo de un manto blanco que no se terminara nunca. Esta era una de las ventiscas más fuertes que había visto en todos sus años en Hogwarts y no podía explicarse cómo Potter no era capaz de sentirla.
Decidió que no entendía nada de lo que pasaba y que podía tragarse sus preguntas porque Harry obviamente no parecía capaz de contestarlas, además se había quedado dormido en el camino. Al menos esperaba que estuviera durmiendo y no desmayado.
La puerta de la enfermería se abrió sola en cuanto lo sintió llegar. Una vez adentro Malfoy empezó a llamar a Madame Pomfrey mientras llevaba a Potter a su camilla, que calentó con un simple hechizo y donde cobijó todo lo que pudo. El Gryffindor estaba más pálido que antes y traspiraba como si estuviera en un partido de Quidditch. Sin esperar a que llegara la enfermera empezó a sacarle la ropa mojada por la nieve, notando lo caliente que estaba su piel al tacto, el chico estaba afiebrado, sin duda por la insalubre siesta que había dormido.
Madame Pomfrey entró corriendo al cubículo de Potter, su varita preparando hechizos que le permitieran saber qué tenía exactamente su paciente.
-¿Dónde estaba? Lo estuve buscando por horas-preguntó la enfermera.
-Estaba durmiendo camino a la cancha de Quidditch-respondió Draco-. Estaba cubierto de nieve cuando lo encontré, pero él no tenía frío.
La enfermera miró a Potter de nuevo, levantando uno de sus parpados y soltando un pequeño chillido al ver el interior rojo sangre de sus ojos. Draco, que había estado atento a lo que Pomfrey hacía quedó sorprendido por lo que sucedía, no sólo sus ojos estaban girando en todas direcciones si no que parecían despedazarse en cada movimiento.
-Malfoy, cámbiate de ropa y metete en la cama. No quiero tener que preocuparme de otra neumonía-dijo mientras iba hacia la chimenea. Antes de arrojar polvos flú en ella miró a Draco y dijo:-Vigila que a Potter no se le ocurra nada, tengo que avisarle a Dumbledore lo que pasó.
La cabeza del director apareció frente a la enfermera, y Draco tenía que reconocer que estaba más pendiente de la conversación que de Potter, quien no se había movido más que para quejarse del dolor.
-Albus, esto está muy mal-dijo la enfermera en un susurro-. Estoy segura que es lo que temíamos, ya entró en la segunda fase. Perdió el tacto.
-¿Cómo lo sabes?-preguntó Dumbledore desde el fuego.
-El señor Malfoy lo encontró durmiendo en la nieve, tiene hipotermia y sus ojos están cambiando. Según Malfoy dijo no sentir frío, Albus-Madame Pomfrey se veía muy preocupada, sus manos no dejaban de frotarse como si se congelaran, aún frente al fuego.
-Si es así ya no hay nada que hacer, esperaba que algo sucediera y Harry se hubiera salvado pero…
-Aún podemos tratarlo contra eso, Albus, podemos aplicarle esa poción inyectable de la que te hablé-propuso ella.
-No voy a tratar una poción experimental en alguien tan importante como Harry-dijo el director de forma seca.
-¡Podrías salvarlo!-exclamó la enfermera.
-También podría matarlo-dijo él, completamente serio-. Llamaré a Remus para que le vaya a ver. Tiene que estar preparado.
-Albus, podría morir en la próxima fase-dijo Madame Pomfrey-. La hipotermia y la infección pueden reaccionar muy mal entre ellas. Si no está sano para la próxima fase puede que muera.
-No morirá, Poppy-dijo Dumbledore, con dulzura en su voz-. Harry es muy fuerte, él no se dejará ganar por algo así-hizo una pausa de varios segundos para calmar su quebrada voz-. Tratalo contra la hipotermia, yo enviaré una lechuza a Remus para que venga lo más pronto posible, quizás traiga a Sirius, eso le hará bien a Harry.
-Mientras antes llegue será mejor-dijo la enfermera. Se levantó frente a la chimenea y tomó un par de inhalaciones para darse fuerzas, y volvió a atender a su paciente luego de tomar un par de pociones de un gabinete.
-Malfoy, tome tres sorbos-dijo, entregándole una poción de color azul-. Le evitaran un resfrío y le ayudará a dormir. Tanto hielo no es bueno para su tobillo, así que arrópelo bien. Buenas noches-dijo antes de cerrar las cortinas en su cara.
Draco una vez más se encontró mirando en dirección a la camilla de su enemigo, sintiendo que había algo en todo esto que no estaba entendiendo y que tendría ramificaciones que cambiarían de manera significativa la vida que había estado viviendo.

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