domingo, 29 de noviembre de 2009

03 - Cuando respiro en tu boca

Sonata de luz de luna
Pieza Tercera: Cuando respiro en tu boca.



Ron y Hermione entraron a la enfermería sólo para encontrarse con Malfoy. El cubículo de Harry estaba completamente cubierto por cortinas y parecía que Madame Pomfrey trabajaba incesantemente dentro. Era aún temprano, las clases todavía no empezaban, por lo que no podía ser un chequeo de rutina. Algo debía haber pasado durante la noche.

-¿Malfoy, qué está pasando?-preguntó Hermione, algo incómoda de tener que depender del Slytherin para obtener información.

-Potter tiene hipotermia. Se le ocurrió salir a dormir a la nieve anoche-respondió este, cerrando el libro que tenía en sus manos y dejándolo sobre la mesa de noche.

-¿Salió aún estando así?-Hermione cuestionó sorprendida.

-No parecía saber lo que hacía. No estaba consciente ni del frío ni del viento ni la tormenta que se avecinaba-dijo Draco, masajeándose el cuello. Él había estado despierto la mayor parte de la madrugada, desde que había traído a Harry a la enfermería, y los músculos de su cuello se empezaban a quejar.

-Supongo que Pomfrey no nos dejará verlo, de nuevo. Me preguntó qué es lo que le está pasando-comentó Ron, mientras se sentaba en una de las sillas cercanas. Hermione puso una mano sobre su hombro y se apoyó contra la pared.

Draco los examinó concienzudamente. Ambos se notaban cansados, las bolsas bajo sus ojos y las ojeras los delataban. Probablemente llevaban algunos días sin dormir bien, Granger quizás había llorado más de la cuenta y Weasley había bajado de peso.

Mientras Potter había estado inconsciente, los primeros días luego de su encuentro con el lobo, sus amigos le habían ido a visitar constantemente y siempre se encontraban con una negativa por parte de la enfermera. Ahora que estaba despierto las negativas continuaban y, por su parte, Draco estaba convencido que no era Madame Pomfrey quien estaba negando la compañía a los Gryffindor, sino Potter.

-No es Pomfrey quien lo impide, en otras ocasiones no hemos tenido problemas en visitar a Harry cuando ha estado en la enfermería-dijo Granger, poniendo en palabras los pensamientos del rubio-. Tiene que ser Harry quien no quiere ser visto, aunque no puedo entender por qué.

Mientras la sabelotodo decía éstas palabras Draco no pudo evitar notar cómo éstas afectaban al pelirrojo, quien había hundido su rostro entre sus manos en un gesto de desesperación. Se notaba que si bien no había llorado hasta ahora había estado muchas veces a punto de hacerlo.

Habían pasado ya cinco días desde la detención en el bosque, tres de los cuales el moreno había pasado en inconsciente, y hasta ahora nadie, con excepción de Pomfrey y Draco, había podido entrar a verlo u oírlo hablar.

Draco no podía entender porqué los amigos del chico dorado se veían tan afectados luego de un par de días sin verle, partiendo por el hecho de que él jamás se había preocupado tanto por alguno de sus compañeros en Slytherin. Pero por otro lado podía entender en algún modo la incertidumbre de lo que estaba pasando con Potter. Él mismo se encontraba preguntándose qué era lo que le hacía esconderse, si su ceguera le iba a pesar en la consciencia hasta el final de sus días.

Por primera vez en años el joven Malfoy podía decir que sentía culpa. Si no hubiera sido por Potter él ahora se encontraría muerto, o quizás en las mismas condiciones en las que se estaba el Gryffindor. Tenía muy claro que le debía su vida, y que si bien Potter no parecía recordar las cosas de las que habían hablado aquella noche el sólo hecho de decirlas había cambiado su posición política inmediatamente. El haber vuelto a rescatar al chico maravilla sólo había sellado lo que sus palabras ya habían insinuado: No había manera que Draco pudiera volver a sentirse cómodo entre sus compañeros, y seguir a Voldemort ya no era una opción válida.

Le debía su vida a Potter en más de una manera.

Mientras volvía al castillo con Harry en sus manos se sintió más seguro que nunca, sintió por primera vez que tenía un lugar asegurado en el mundo y que ya no era un mísero títere de lo que su padre quería para él. Pero ahora, viendo el estado en que se encontraba su compañero no podía sino pensar que esto era su culpa. Potter estaba pagando por su cobardía, si tan solo hubiera actuado antes, si se hubiera defendido de los lobos en vez de salir corriendo como había hecho, quizás ahora Potter no estaría ciego.

Recordó el dolor que sintió cuando los chicos de Gryffindor, que habían estado esperando a que Harry volviera de su detención, le atacaron al ver al joven inconsciente. Un par de hechizos bien puestos y su tobillo se fracturó como si sus enemigos le hubieran hecho polvo el hueso, otro par hizo que la enfermera se demorara tres días en devolverle una forma. El sufrimiento que le había provocado perder su tobillo, y la tortura que había significado el aguantar que se lo reconstruyeran no eran nada comparados con la presión que sentía en su interior cuando pensaba que por culpa de él Potter había quedado ciego. Si la condición no era temporal (como Draco rogaba que fuera) el joven no sólo habría perdido la posibilidad de atrapar la snitch cuando jugaran Quidditch, sino que habría perdido también la capacidad de moverse por el mundo como deseara y de llevar un duelo como debía. Sin duda las posibilidades de vencer a Voldemort ahora eran más escasas que nunca.

-Creo que iré a la biblioteca, necesito pensar, tomar un poco de aire-dijo Granger, interrumpiendo sus pensamientos. Weasley la miró con algo parecido a la lástima, sin que ésta lo notara-. Avísame si pasa algo.

Una vez Granger se hubo ido, cerrando la puerta delicadamente tras de sí el pelirrojo se giró a mirar a Draco con una extraña expresión en su rostro.

-Quisiera hablar algo contigo, Hermione me matará por esto, pero es algo que tengo que decir.

Malfoy lo miró esperando que continuara. Se había relajado por un tiempo, pero no debía olvidar en ningún momento que el pelirrojo había estado entre aquellos que hechizó primero y preguntó después en el grupo que lo atacó aquel día.

-Hermione cree que deberíamos dejar a un lado el pasado y tratar de ser amigos, ella sin duda cree que te tenemos que dar una oportunidad… y todo eso. En cambio, yo soy más bien renuente a pensar que hayas cambiado, Malfoy-dijo Weasley, mirándolo muy serio-, a mi no me convences con ese acto de niñito que se dio cuenta donde estaba metido. No puedes esperar que te c rea que durante años viste en los libros y los diarios cómo había sido la guerra anterior y nunca te imaginaste a qué clase de loco servían tus padres.

Draco pensó durante un par de segundos qué tanta diferencia marcaría el tratar de explicarle a Weasley, ahora con tiempo, lo que le había explicado a Harry en un par de minutos. Sin duda las reacciones serían distintas, no tenía que ser un genio para darse cuenta que el pelirrojo jamás entendería el miedo que se sentía al enfrentarse con Voldemort, no de la misma manera en que Potter lo había hecho. Tratar de explicarle no cambiaría nada, por lo que ni siquiera lo intentó.

-Ahora bien, Dumbledore nos dice que confiemos en ti, y eso parece ser suficiente como para que Hermione trate de ser tu amiga-siguió Weasley, sin notar el momento de duda de su contraparte-, para mí no. No puedo olvidar todo lo que nos has hecho, pero Dumbledore es quien es por algo, y si bien no confío en ti sí confío en él… así que… no pienses que quiero ser tu amigo, pero… estoy dispuesto a negociar una tregua- Ron extendió una mano, para que Draco la tomara, en señal de un pacto-. Tú no nos molestas y nosotros no tendremos por qué sacarte la mierda.

Draco miró la larga, delgada y pálida mano del pelirrojo frente a él. No sabía si tomarla o no. Sin duda tomarla sería el sello de un contrato invisible que no se había dado cuenta que estaba haciendo con el bando de la luz, y si bien él sabía que no iba a poder volver donde los Slytherin con la misma disposición de antes tomar la mano de un Weasley significaba un cambio completo de su estilo de vida. Una tregua, significaba que no podría buscar pelea solo para que su posición dentro de su casa se viera resguardada, no podría hacerles la vida imposible en ningún sentido. No podría molestar a Potter… bueno, la verdad es que no estaba muy seguro de querer molestar a Potter ahora que estaba ciego.

Malfoy tomó la mano de Ron antes de que se le escapara el poco coraje que había logrado encontrar. Lo miró a los ojos, como sorprendido, y se asombró aún más cuando el pelirrojo sonrió de forma amistosa. Quizás no era tan mala idea esto de una tregua.

La puerta de la enfermería se abrió justo en ese momento, desviando la atención de sus manos hacia el intruso. El hombre-lobo que habían tenido por profesor en tercero, Lupin, entraba a la habitación bastante indispuesto, corriendo junto a él venía un perro negro, que se metió en el cubículo de Harry directamente.

-¿Madame Pomfrey?-preguntó Lupin, sin poner atención a Malfoy y fijando sus ojos en el pelirrojo.

-Con Harry, en su cubículo-dijo éste último, poniéndose rojo desde el cuello a la punta del pelo.

-Gracias.

Draco soltó la mano del pelirrojo como si quemara, tratando que éste no se diera cuenta del gesto. No era muy común que alguien le ofreciera una tregua, y no quería empezarla de mala manera, pero había cosas que iban más allá de lo que él podía evitar, y años de pensar en el Weasley como alguien de menor clase que él iban a ser muy difíciles de cambiar.

-Bueno Malfoy, yo ya he dicho todo lo que tenía que decir. Cuídate, y no me hagas arrepentirme, ¿ok?-dijo Weasley, poniéndose de pie y secándose la mano que habían estrechado como si estuviera sucia. Draco sólo atinó a elevar una ceja de forma irónica mientras veía su espalda al salir de la habitación.







Cuando Remus traspasó las cortinas que lo separaban de Harry se enfrentó con lo que creyó era la imagen más espantosa que había visto en su vida. Frente a él se encontraba Madame Pomfrey, cambiando los paños húmedos de la cabeza del chico a quien había aprendido a querer como un hijo. Harry se encontraba en pésimo estado. La palidez que había traído consigo la helada había desaparecido, habiendo cambiado por un enrojecimiento de su piel como si su temperatura hubiera subido a punto de ebullición.

El chico tenía los ojos cerrados y si bien no parecía estar despierto, algo le decía que incluso mientras dormía el dolor que le atormentaba se manifestaba a través de pesadillas.

-¿Es posible despertarlo?-preguntó Remus, poniendo una de sus manos sobre la cabeza de Sirius, quien ya se había acercado a la camilla.

-Sí, Remus-dijo la enfermera, pasándole el paño con el que enjugaba a Harry-. Tiene una fiebre muy alta, producto de la hipotermia, pero debería estar suficientemente consciente como para entenderte.

-¿Cómo…?-empezó a preguntar el ex-profesor, con las palabras muriendo antes de poder salir por sus labios.

-¿Cómo lo despiertas?-terminó la enfermera, sonriendo de forma triste-. Sólo llamándolo, en estos momentos casi no responde al tacto. La próxima fase debería estar por empezar.

-¿Harry?-llamó Lupin en su oído, suave, cosa de no asustarlo-Harry, despierta. Soy yo, Remus.

Harry pestañeó un par de veces, y cerró los ojos al sentir el dolor que estos le causaban. Giró su cabeza hasta donde había sentido la voz del licántropo. Por alguna razón se sintió mejor a su lado, un poco más protegido, como si su presencia le asegurara que no se encontraba solo en todo esto. Quizás era porque el hombre también era un hombre-lobo y por eso se entendían. Quizás, o al menos eso esperaba, fuera sólo por el hecho de conocer a Lupin desde hacía años.

-¿Profesor?-preguntó Harry, para cerciorarse que aún estaba allí.

-Puedes llamarme Remus, Harry-dijo Lupin. Aprovechando que Harry no le veía le hizo una seña a Pomfrey y a Sirius para que se fueran. Necesitaba tiempo a solas con Harry.

-¿Para qué viniste...Remus?-preguntó Harry, casi seguro de la respuesta.

-Dumbledore me avisó de tu situación, me pidió que te informara sobre lo que pasará con tu licantropía-dijo éste, sentándose en el borde de la cama y tomando una de las manos de Harry en la suya, habiendo olvidado por un momento que el chico no lo iba a poder sentir.

-Entonces, ya no hay dudas sobre…-empezó Harry sin poder terminar su pregunta.

-¿Harry, puedes sentir esto?-preguntó el hombre-lobo, dando un ligero pellizco al dorso de la mano que tenía entre las suyas. Harry parecía seguir esperando a que Lupin hiciera algo, cuando éste volvió a hablar-. Después de una mordedura, cuando se produce contagio, el cuerpo pasa por 5 fases visibles y una última fase mental, en las que pierdes los sentidos para que tu cuerpo se acostumbre a las próximas transformaciones. Lo que hice es algo que deberías haber sentido, Harry, y el que no lo sientas sólo puede significar que has perdido el segundo sentido: el tacto. Junto con la vista ya van dos sentidos que has perdido desde que recuperaste la consciencia, no hay nada que dudar.

-¿Es por eso que siento que mi piel se estuviera quemando?-preguntó Harry, tocándose el rostro, y suspirando frustradamente al notar que el calor que abrazaba su cuerpo no era transmitido a sus manos.- Remus, quiero que esto pase luego, no sé cuanto más podré soportar este calor.

-Harry, quiero que pongas atención a lo que te voy a decir-dijo el hombre lobo, poniéndose de pie junto a la cama de Harry, antes de usar su mano para quitarle un par de cabellos que habían caído sobre sus ojos-. La fase del tacto empezó, pero aún no ha terminado de alojarse en tu cuerpo. La piel es el órgano más largo del cuerpo y sus funciones varían por lo que no sólo vas a dejar de sentir con tus manos, hay muchas otras cosas que uno no relaciona con la piel pero que tienen estrecha relación con esta. Entre ellas está la manera en que tu cuerpo absorbe algunas cosas, como el aire, que se va a ver afectada aún más por este resfrío que agarraste. Dentro de poco tus pulmones empezarán a cambiar, y existe la posibilidad que dejen de funcionar. Es más que nada por esto que Dumbledore me mandó a llamar, con la esperanza que supiera algún hechizo que pudiera ayudarte.

En ese momento Remus sintió que alguien abría la cortina y no dijo nada, pues asumía que había sido Sirius, solo atinó a levantar su mano en señal de silencio. Harry necesitaba toda su atención y no era buena idea que su padrino lo interrumpiera para preguntar algo de poca trascendencia.

-¿Hay algo que deba hacer para llevar a cabo el hechizo?

-La verdad es que es más un ritual que un hechizo, pues la única manera de controlarlo que pude encontrar es una usada por los padres de niños mordidos a muy temprana edad. El contagiado depende de la posibilidad de los padres para poder estar ahí cada vez que los niños lo necesiten-dijo el ex profesor, sonriendo al recordar lo que le había contado su madre sobre cómo ella se había ofrecido para practicar este mismo ritual cuando él era un niño-. Necesitaremos a alguien que pueda estar contigo siempre que lo necesites, alguien en quien tengas plena confianza. Quizás Ron o Hermione, o alguna novia de la que no nos hayas contado.

-No estoy saliendo con nadie Remus, y preferiría si Ron o Hermione no se enteraran de esto. ¿No puedes ser tú quien participe en el ritual?-preguntó Harry, moviendo su cara hacia el otro lado de la habitación, de forma que Lupin no pudiera ver el dejo de dolor que seguramente había cruzado su rostro.

-No, Harry, no puedo ser yo, principalmente porque no puedo estar en Hogwarts demasiado tiempo y no podría llegar suficientemente rápido si llegaras a necesitarme-dijo éste, sonriendo de forma triste-. Por otro lado tus amigos van a estar ahí siempre que los necesites, ya lo han demostrado en el pasado. Incluso una novia con la que te sintieras cómodo sería aceptable.

-¿Por qué una novia? No veo que tiene que ver mi carente vida amorosa en todo esto-dijo Harry con ironía.

-El ritual implica que la otra persona incluida en este te debe ayudar a respirar por un periodo de cinco minutos. Creí que sería más cómodo para ti si la persona que podía sus labios sobre los tuyos era alguien con quien te sintieras cómodo-respondió Lupin, esta vez con una sonrisa sincera que Harry logró escuchar.

-Pues no, Remus, no tengo novia, así que tendrá que ser alguien más. Quizás alguien que no sepa que está pasando-dijo este con una sonrisa herida. Luego de decir esto sin embargo se llevó una mano al pecho y se detuvo a intentar sentir algo-. Creo que tendrás que encontrar a esa persona luego. Me está empezando a costar trabajo respirar.

-Llamaré a Hermione, sin duda ella entenderá-dijo Lupin, girándose hacía las cortinas que lo separaban de la enfermería para encontrarse con la cara horrorizada de Malfoy. Antes de que pudiera preguntarle qué hacía ahí una exclamación de Harry lo detuvo.

-¡No! ¡Ni Ron ni Hermione!-dijo, levantándose de la camilla hasta estar sentado, cansándose hasta jadear por aire-… Cualquier otra persona es preferible-dijo después de haber recuperado el aliento.

-Yo me ofrezco, yo puedo hacer lo que quieran-dijo Malfoy, con voz decidida.

-No tienes idea de lo que estamos hablando, Malfoy-dijo Lupin, inesperadamente brusco en su trato.

-He estado escuchando desde que empezaron a hablar del ritual, se perfectamente en lo que me estoy metiendo-replicó el rubio, manteniéndose erguido ante la mirada del hombre lobo-. Por otro lado le debo la vida a Potter, haré lo imposible por pagar esa deuda.

-Deja que lo haga, Remus…-dijo Harry con la voz cortada-… Ya no hay tiempo.

Fue con esas palabras que Harry se llevó las manos a su garganta y dejó de respirar.



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