martes, 23 de marzo de 2010

04 - Respirando por ti

Sonata de Luz de Luna
Pieza Cuarta: Respirando por ti.

Draco corrió hasta la camilla en el momento en que Potter perdía la conciencia por la falta de oxígeno. Lupin no parecía encontrar que hacer con sus manos, completamente sobrepasado por lo que estaba pasando como para atinar a ayudar cuando más era necesitado.

-¡Lupin, despierta! ¿Qué hago?-preguntó, dirigiéndole una mirada cargada de un silencioso reto a negar que su ayuda era la única que podría ayudar al Gryffindor.

-Pon tu boca sobre la de Harry, en cuanto empiece a recitar el encantamiento debes empezar a respirar por tu boca y nariz al mismo tiempo, así podrás respirar al mismo tiempo que le das aire. Debes mantenerte así por cinco minutos, como si le estuvieras enseñando a respirar. Esta acción será la que lo mantenga con vida-dijo el hombre lobo mientras sacaba su varita del bolsillo de su chaqueta.

Si Draco se sorprendió al escuchar la orden no dejó que nadie se enterara. Se acomodó rápidamente sobre la cama, cuidando de situarse sobre el joven inconsciente pero sin tocarlo. Ya de por sí era extraño eso de estar tan cerca de otro chico, no iba a hacerlo aún más embarazoso poniendo sus manos donde no debía. Con cuidado puso su boca sobre la de Potter, tratando de recordar en cada minuto que lo que estaba haciendo era sólo respiración boca a boca y no un beso. No porque la idea de darle un beso a un hombre le fuera repulsiva, sino porque deuda o no, era Potter… ew.

-Ahora, Draco-avisó Lupin. Draco le abrió la boca a Potter y sin pensarlo mucho unió sus labios, empezando a respirar tal como le habían instruido. El ex profesor empezó a recitar,- sucurro ex carus, potes pollesque; sucurro respiro, cibus victusque***.

Draco podía sentir cómo el hechizo, que giraba en torno a ellos mientras respiraba en la boca de Potter, entraba por su nariz y se metía en sus pulmones haciendo que el aire se sintiera tibio en su interior, como una brisa cálida en medio de esa fría noche. Después de un rato, cuando la novedad del hechizo había pasado, empezó a notar cómo los labios del moreno emitían el calor febril del cuerpo enfermo bajo él, cómo poco a poco no era sólo su respiración la iba de uno a otro sino que la de Harry se empezaba a hacer presente lentamente, mezclándose con la propia. Al notar por primera vez que el chico no era sólo un bulto sino un humano, de sangre roja y aliento cálido, pudo sentir que sus mejillas se sonrojaban.

Era muy difícil dejar de pensar que eso era un beso cuando la persona bajo tuyo respiraba.

Los cinco minutos se hicieron interminables para Draco. Por un lado se encontraba absolutamente incómodo con respecto a sus posiciones y por otro podía sentir cómo el respirar por dos estaba afectando su estamina. Cuando el tiempo requerido por el hechizo pasó Draco separó sus labios de los de Potter, rogando a Merlín que sus mejillas hubieran perdido algo de color, y se mantuvo de pie junto a la camilla, enfrentando al ex profesor.

-Ok, ahora un par de indicaciones-dijo el licántropo sentándose a los pies de la camilla-. No puedes dejar de respirar por más de diez segundos, Malfoy, si lo llegas a hacer el hechizo se va a mantener detenido hasta que lo eches a andar de nuevo. Si llegara a suceder tienes que venir a la enfermería tan pronto como te sea posible, recitar “Sucurro Respiro” y darle respiración nuevamente, aunque sólo por un minuto. Eso bastará.

La cortina del cubículo abriéndose interrumpió el comentario mordaz que Draco tenía planeado hacer. La enfermera traía en sus manos una bandeja con algunas posiciones y gasas. Si estaba extrañada de ver la compañía que tenía su paciente no lo demostró en lo más mínimo, pero sí miró a Draco de arriba abajo con una mirada revisora.

-No se ve muy bien, señor Malfoy, pero si puede mantenerse en pie tanto tiempo como parece haberlo estado creo que está suficientemente bien salir de mi enfermería-dijo Madame Pomfrey con una sonrisa que Draco no supo interpretar-. Pero nada de andar corriendo o buscando peleas, usted debe guardar descanso si desea que ese pie se recupere bien.

-Muchas gracias, Madame Pomfrey-dijo Draco, yendo a su camilla para buscar sus cosas. Finalmente podría salir de ese limbo blanco llamado enfermería.

-¿Asumo que todo salió bien con respecto al encantamiento, Remus?-preguntó la enfermera, mientras chequeaba que su paciente sólo se encontrara inconsciente o durmiendo y no muerto.

-Sí, todo está dentro de los parámetros normales-respondió el ex profesor, poniéndose de pie junto a Harry y pasando una mano por su cabello para sacarlo de su cara-. El hechizo está anclado a Draco Malfoy, por lo que puedes esperar su visita si algo sucediera con el hechizo.

-Lo tendré en cuenta por si lo veo por aquí.

-Bueno, creo que mi trabajo aquí ha terminado por ahora-dijo Lupin, mientras se dirigía a la puerta de le enfermería-. Iré a hablar con Dumbledore, por si Harry necesita algo. Hasta luego, Poppy, Malfoy.







Draco cerró la puerta de la enfermería tras de sí, rogando que sus pensamientos se quedaran encerrados en aquella habitación pero sabiendo que sería imposible escaparse de ellos.

Ahora lo entendía todo.

Potter se iba a transformar en un hombre lobo. Antes de saberlo con certeza todo a su alrededor lo indicaba y no entendía cómo había podido pasar por alto todas esas evidencias. Ahora las palabras de Lupin habían encendido un fuego de culpa dentro de él que no sabía cómo apagar.

Los gritos de Potter mientras peleaba contra el lobo en el bosque volvieron a atacarlo, tanto que se tuvo que apoyar en un muro para no caer. Maldito Potter. Tenía que ponerse todo noble y protegerlo, eran enemigos y aún así lo había protegido, eso iba en contra de todas las normas sociales con las que se había criado. Draco sabía perfectamente que si la situación hubiera sido al revés él jamás habría dado su vida por el imbécil de la cara marcada. Pero… ¿aún así se había devuelto a buscarle, no? La verdad es que aún no entendía muy bien qué lo había llevado a devolverse, a poner en riesgo su vida por la de alguien con quien no había hecho más que discutir desde el día uno de conocerse, pero lo había hecho y nada podía cambiar eso.

Si tenía que ser completamente honesto podía decir que de cierta extraña manera respetaba la forma en que el moreno siempre se regía por sus ideales, aunque estos fueran estúpidos. Hasta ahora nunca lo había visto cambiar o dudar de lo que hacía si creía que era su deber. Era cierto que tenía un aura de mártir del tamaño de una cancha de Quidditch, y que la mitad de las cosas que hacía eran una amenaza tanto a su vida como a las de sus amigos, pero había algo seriamente respetable en su honestidad y su rectitud, por mucho que le doliera aceptarlo.

De cierta forma envidiaba la manera en que Potter podía estar tan seguro de su lugar en el mundo, sentirse a gusto con él y modificarlo hasta que le gustara si es que no era así. Draco jamás podría oponerse tan de frente a las cosas que lo amenazaban como el trío dorado había estado haciendo desde primer año.

Aunque ahora no le quedaría otra que hacerlo. Ayudar a Potter había sido su sentencia de muerte en Slytherin, no porque se hubiera cambiado de bando (habían muchos chicos de su casa que se mantendrían neutrales en la guerra) sino porque ayudar a un Gryffindor era traicionar completamente a su casa, ayudar a ese sistema retorcido que permitía que los leones se salieran con la suya cada vez que cometían un error y que las serpientes se mantuvieran siempre discriminadas como almas retorcidas y malévolas, aún cuando no fuera así en todos los casos. Ayudar a alguien fuera de su propia casa era el equivalente a venderse a un sistema corrupto. Pero lo hecho estaba hecho, y si bien ninguna excusa podría salvarlo de las represalias de sus compañeros… no estaba seguro qué tan sólo se sentía ahora. Después de todo ahora tenía a Dumbledore, y por lo tanto a trío maravilla, de su lado.

Si lo pensaba bien se daba cuenta que de todo el embrollo en el bosque Draco había sido quien había caído mejor parado: Por fin podría desligarse de su padre sabiendo que estaría protegido de todas formas, Weasley le había ofrecido una tregua y Granger parecía que no iba a ser extremadamente molesta. Aunque comparado con volverse hombre lobo, bueno, quizás cualquier cosa hubiera sido mejor que eso. Ese pequeño pensamiento no hacía más que acrecentar su culpa.

Pero él era Draco Malfoy, no podía estar siempre pensando en la culpa que sentía, aún cuando hubiera arruinado la vida de Potter para siempre. Al menos ahora sabía que no se iba a quedar ciego y por lo tanto podría defenderse llegado el momento de la batalla final. No, lo que Draco haría sería compensar su deuda todo lo que pudiera, y no podían decir que no estaba tratando, después de todo había llevado a Potter luego de su siesta en la nieve y se había ofrecido a respirar por él. No podían decir que no trataba, lo último que había hecho debería haber sido lo suficientemente vergonzoso como para equivaler a la deuda de vida, pensó Draco, mientras recordaba la incómoda posición en la que se había encontrado.

Sin darse cuenta se llevó una mano a los labios, tocándolos suavemente. Potter se había sentido muy extraño, distinto a lo que había experimentado muchas veces antes con los labios algunas chicas de su casa, más cálido (aunque sin duda se debía a la fiebre) y electrizante. Probablemente el saber que el moreno respiraba lo mismo que él había provocado una sensación extraña, como si todo su cuerpo estuviera tenso y relajado al mismo tiempo, y era eso lo que había cambiado tanto su disposición a un beso. Aunque se negaba a considerarlo como uno.

Al menos Potter no tenía mal aliento, sólo un suave olor a tierra húmeda y un aroma como a madera que se le había quedado impregnado en la mente y en la ropa.
Tenía que dejar de pensar en Potter. Ya había salido de la enfermería y era hora de retomar su vida hasta donde pudiera, sin olvidar que Slytherin probablemente le tenía una sorpresa preparada con respecto a su traición. ¿Es que acaso una vez que uno encaraba un problema tenía que encararlos todos?

Se irguió nuevamente con ayuda de la muralla y empezó a caminar por los pasillos de las mazmorras, como si nada hubiese pasado. Como si en los últimos días no hubiera ocurrido nada más importante que algún titular escabroso en el Profeta. Nuevamente trató de dejar sus pensamientos encerrados en la enfermería, si quería dejar de pensar en Potter tenía que mantener su mente lo más alejada de los últimos días como le fuera posible.

-¿Adónde crees que vas, Malfoy?-escuchó una voz irónica a su espalda. Se dio vuelta inmediatamente, topándose cara a cara con un chico alto, de piel oscura y de pómulos elevados. Sus labios gruesos sonreían con una mueca de fastidio, como si se hubiera encontrado con alguien realmente desagradable-. No eres tan tonto como para pensar que serás bien recibido en Slytherin, ¿O sí?

-No es tu problema, Blaise, ¿O sí?-respondió Malfoy, no dejándose amilanar por su compañero, aunque eso no evitaba el que por dentro rogara que Snape se apareciera por el lugar para evitar una confrontación más física-. Déjame pasar-dijo cuando se encontró con que el otro le había cortado el paso.

-Cuando alguien de mi casa ayuda a esos sangre-sucia y traidores de la sangre lo hago mi problema-dijo Zabini, apoyando su brazo contra el muro, justo al lado de la cabeza del rubio-, sobre todo cuando quien los ayuda es nuestro estandarte frente a la escuela y a quien ayuda es nada menos que a Potter.

-Lo que yo haga con mi vida, a quien ayude o no, sea de la casa que sea, no es de tu incumbencia-dijo Malfoy, tratando de mostrarse altivo y como si estuviera completamente seguro que había hecho lo correcto, tanto para los Slytherin como para él mismo.

Lo que sucedió después fue un gran remolino de acciones y colores que confundirían a cualquiera. Mientras Zabini decidía abordar el asunto con sus propias manos, ahorcando a Draco contra la pared, Weasley y Granger decidieron aparecer desde la puerta de la sala de Pociones.

El aire le estaba faltando, y por un momento sintió como su rostro se ponía rojo. Sus manos se habían instalado sobre la de Zabini, esperando de alguna forma poder arrancar los dedos de su compañero de su cuello, pero sin lograrlo realmente. Cuando ya sentía que un segundo más de eso y se iba a desmayar, Zabini lo soltó. No porque su buen corazón lo hubiera dictado así, sino por un derechazo que Weasley le había dado directamente a la mejilla. Mientras Draco caía al suelo y se apoyaba contra la muralla, masajeando su cuello adolorido e inhalando tanto aire como podía, el chico de piel oscura sacó su varita y apuntó al pelirrojo. Granger fue más rápido que él y le arrojó un hechizo silenciador antes que el Slytherin pudiera siquiera abrir la boca, y cuando Blaise decidió que si no podía hacer magia un buen golpe solucionaría todo Snape apareció desde su puerta, dispuesto a quitar puntos y dar detenciones.

-¿Qué está pasando aquí?-preguntó Snape, cruzándose de brazos y mirando amenazadoramente tanto a Gryffindors como Slytherins-. Me pregunto cuántos puntos tengo que quitar a Gryffindor.

Los alumnos que quedaban dentro del salón salieron y se quedaron viendo el espectáculo que suponía una pelea en la mitad de los corredores, pero una mirada furibunda de Snape los mandó corriendo a sus próximas clases. Una vez que sus jóvenes se hubieron dispersado Snape volvió a mirar con ira al pelirrojo.

-Zabini ahorcaba a Malfoy, yo sólo lo detuve-dijo Weasley, mientras sujetaba su mano como si de un momento a otro se fuera a arrancar y atacar a Flint nuevamente.

-Y el uso de varitas sin duda era una manera extra de defender a un enemigo, o me equivoco señorita Granger-comentó el profesor mientras quitaba el hechizo de un malhumorado Blaise.

-Él nos iba a atacar primero-replicó el pelirrojo, que se sonrojaba de furia hasta el inicio de la línea de su pelo.

Draco lo miró con sorpresa, si bien estaba acostumbrado a ver cómo Granger y Weasley se las debían ver con Snape para evitar castigos más injustos, nunca había estado del lado que protegían. Era extraño sentir que alguien se preocupaba tanto por él como para evitar que lo asfixiaran.

Mierda.

-Profesor, debo ir a la enfermería de inmediato-dijo el rubio, poniéndose de pie con ayuda del áspero muro de las mazmorras.

-¿Qué paso, Malfoy? Un cariñito y debes correr a la enfermería, no sabía que fueras tan sensible-dijo Zabini con voz sardónica.

-¿Estás bien?-preguntó Granger, ayudándole a pararse.

-Sí, es sólo… debo ir a reactivar un hechizo-dijo Draco, incómodo. Quería que hubiera una forma de mostrarle a Snape que su salida realmente tenía una razón de ser y a la vez quería mantener el status quo entre Zabini y él. Si bien sabía que Blaise era neutral en una posible guerra esto era mucho más doméstico y si el chico de piel oscura se enteraba que necesitaba volver a ayudar a Potter… Dios, Draco tendría que buscar un dormitorio nuevo.

-¿Qué tiene que decir sobre esto, señor Zabini?-preguntó Snape, haciendo caso omiso del rubio.

-Que es mentira todo lo que dicen-dijo éste, con cara de satisfacción-. Weasley y Granger me atacaron, yo sólo me defendía.

-Por supuesto que es mentira-gruñó Snape-. Diez puntos menos para Gryffindor y detención esta noche con Filch. Usted señor Malfoy tendrá detención conmigo durante esta semana. Ahora váyanse de aquí, no los quiero ver durante el resto del día a menos que quieran perder más puntos.

Si bien Zabini estaba lo suficientemente furioso como para haber querido buscar más pelea el hecho que Snape aún estuviera mirándolo fue más poderoso y se largó a su sala común luego de darle una mirada gélida a Draco. El profesor por su parte esperó a que los ánimos se calmaran para volver a su salón y cerrar la puerta tras de sí.

Draco no perdió tiempo en encaminarse a la enfermería. Se llevó las manos al cuello y sintió como sus fuerzas iban desapareciendo paso a paso. Tan débil estaba que un traspié casi le lleva al suelo, de no ser por el brazo rápido de Granger que había evitado su caída.

-Puedo caminar sólo-dijo Draco, soltándose de su brazo-. No necesito que me ayuden.

-Al menos déjanos acompañarte-pidió Granger-. Me sentiría mucho más tranquila sabiendo que llegaste sin problemas.

-Además, no parece que pudieras resistir otro encuentro con alguien de Slytherin-dijo Weasley, con voz irónica-. Y Merlín sabe que no parece que te vayan a dejar en paz, hemos escuchado suficientes de tus compañeros hablar sobre cómo te van a dar tu merecido, esos malditos mini mortífagos.

-Seguramente tú has visto cada uno de sus antebrazos como para saber que lo son, ¿o no?-espetó Draco, de forma mordaz-. Más allá de lo que quieran hacerme o no, no puedes andar por el mundo pensando que cada uno de los Slytherins es un mortífago, porque te aviso que estás equivocando.

-¿De qué hablas?, todos sabemos que cada mago oscuro que ha aparecido ha salido de Slytherin-alegó el pelirrojo, la ira subiendo a sus palabras.

-¿Y seguramente Gryffindor no ha tenido ningún mago oscuro, o Ravenclaw, o Hufflepuff?-preguntó Draco, seguro de lo que decía. Mil veces había visto a alumnos de otras generaciones entremezclados con los mortífagos. Pocas cosas de lo que sucedían en el futuro fuera del colegio tenían que ver con éste-. Pero claro, es mucho más fácil culpar a los Slytherins, después de todo, ellos siempre han sido oscuros ¿Por qué las nuevas generaciones, que nada tienen que ver con las antiguas, no deberían ser iguales? ¿Qué culpa tiene un niño de primer año de que el Señor Oscuro haya salido de Slytherin?

-¡Seguramente sus padres no les enseñaron nada en sus casas! Vamos, Malfoy, tú mismo fuiste enseñado sobre las Artes Oscuras desde que eras un crío, ¿me vas a decir que eso no pasaba en todos los casos?-discutió Weasley, rojo de ira.

-¿Sinceramente crees que somos todos iguales? Mis padres fueron mortífagos, es verdad, me enseñaron cosas que no te imaginarías en tus peores pesadillas, es verdad… pero no todos los alumnos de Slytherin son hijos de mortífagos. ¡Con un demonio, ni siquiera son todos hijos de sangre-pura! Pero aún así el mundo no puede ver más allá del hecho de que son Slytherins e inmediatamente los encasillan en el papel de magos oscuros. ¿Qué culpa puede tener un niño de lo que hicieron sus compañeros? Y aun peor, si siempre te han discriminado por serlo, y nunca te escucharon… ¿Por qué no les muestras de una vez por todas lo que parecen querer? No dudo que no haya habido mortífagos que se unieron al Señor Oscuro porque vieron en él una solución a tantos años de discriminación. ¿Querían que fuera un mago oscuro?, ¿me tenían miedo por ser algo que no soy? ¡Pues véanme! Ahora pueden hablar con toda propiedad, porque si me vuelven a mirar mal, si vuelven a hablar de mí a mis espaldas… ya no hay nada que detenga mi furia-luego de estas palabras Draco, lleno de cólera, susurró finalmente-. Pero no se preocupen, sigan tratándolos como siempre lo han hecho. Años de magos oscuros saliendo de Slytherin no cambiaran por un par de cabezas que se abran a la idea de que estaban equivocados con respecto a ellos.

No era que quisiera pelear con ellos, pero es que los Gryffindor tenían la impresionante capacidad para volverle loco y obligarle a decir cosas que quizás nunca hubieran salido de sus labios en otros momentos. Cualquier fuese el caso, Draco realmente no debía estarse preocupando de esas cosas, no había tiempo para ello.

Sin esperar una respuesta el rubio se alejó de sus compañeros y se dirigió a la enfermería, corriendo entre alumnos que se retiraban de su camino antes de toparse con él. Al llegar allá se encontró con la enfermera tomando los signos vitales de un Harry que apenas respiraba y que parecía hacer incontables esfuerzos por lograrlo, por lo que indicaban las manos que tocaban su propia garganta como si se encontrara ahí la razón de la falta de energía.

No puso más atención que en el pronunciar correcto del hechizo y en que la respiración fuese lo más calmada posible. Fue luego que los primeros segundos hubieron pasado en que se pudo dar cuenta del estado en que había caído el chico desde la última vez que lo había visto.

La piel de Harry había cambiado pasando a estar a carne viva como si, cual serpiente, hubiera decidido cambiar su piel por una nueva. Sus ojos se encontraban abiertos de par en par, inconsciente con respecto a lo que pasaba a su alrededor y con apariencia muerta, como si estuviera encerrado en su propio cuerpo. La única señal de vida era el color que cambiaba en sus ojos, de verde a ámbar, como su un remolino de colores se empezara a ubicar en ellos.

No pudo evitar pensar que la discusión que había tenido con sus compañeros de Gryffindor no había podido venir en mejor momento, pues la idea de que los chicos le hubieran acompañado a la enfermería sólo para encontrarse con ese panorama dantesco no se la deseaba a nadie.

Trató que la sorpresa del estado del moreno no cambiara el ritmo del hechizo, pero le costaba de sobremanera. No podía explicar racionalmente porqué pero le dolía ver a Harry así. Le dolía ver la expresión de sufrimiento en su rostro, cómo se afirmaba la garganta o se tapaba los oídos para no escuchar las pesadillas que probablemente estaba viviendo. Le dolía ver cómo las lágrimas cubrían sus mejillas sin saber la razón de ellas. El dolor le oprimía el corazón de sólo saber que no podía hacer más para ayudarle. Qué horrible era que su único aporte fuese un suspiro.






*** Sucurro ex carus, potes pollesque; sucurro respiro, cibus victusque.
Ayuda del amado, puedes hacerlo y eres fuerte; ayuda a respirar, sustento y vida.

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