Sonata de Luz de Luna
Pieza Quinta: Hasta lo más profundo del corazón.
Draco se despidió de la enfermera y salió del sanatorio con un nudo en la garganta. ¿Llegaría el día en que la culpa dejara de agobiarlo? Parecía que el ver a Potter no hacía más que provocarle un dolor indescriptible y un sufrimiento completamente innecesario, ya había aprendido su lección, no quería ver más ese rostro adolorido ni sus ojos muertos.
Una vez fuera del limbo blanco se encontró cara a cara con el rostro incómodo de Granger. Sin ningún Weasley presente que la protegiera de sus mordaces palabras, la chica se presentaba como un medio de botar tensiones que tenía demasiados contras como para ser usado.
-¿Malfoy, podemos hablar?-preguntó la chica, nerviosismo mostrándose desde su postura hasta sus palabras.
-No sé de qué podríamos hablar dos personas como nosotros, Granger-respondió Draco, como quien sólo estuviera aclarando un tema obvio para todos.
-Por favor, tengo un par de preguntas que hacerte y… bueno, hay algunas cosas que debemos discutir-comentó la chica, en una voz pequeña, casi tanto como la chica parecía sentirse.
Draco la miró durante un par de segundos evaluando sus opciones. Por un lado si alguien los veía su situación dentro de Slytherin se haría aún más imposible de soportar, pero por otro, el que la chica estuviera sola allí (sin su lacayo pelirrojo) significaba que realmente había esperanzas de sobrevivir la conversación sin tener que recurrir a los golpes y una charla con alguien tan dentro del lado de la luz siempre era buena a largo plazo.
-Está bien, pero no aquí ni ahora. Encontrémonos a medianoche en la Torre de Astronomía, seguramente podrás escabullirte sin ser notada, ¿no?-comentó el rubio, con tono sardónico. Unos segundos antes de internarse entre los pasillos hacia las mazmorras se detuvo para mirar a la chica, que miraba la puerta de la enfermería aún. Sin duda el paso a la enfermería aún les estaba vedado, y no habían tenido más noticias de Potter que las que la enfermera había pensado discreto darles-. Supongo que no es necesario decirte que vayas sola, ¿no? No es que no confíe en Weasley propiamente tal, sino que no me fío de su carácter explosivo como para llevar una charla a buen término.
-No tienes de qué preocuparte. Sé muy bien qué hacer-dijo la chica de pelo frondoso.
-No esperaría menos de la sabelotodo de Hogwarts-dijo Draco, sin ironía en sus palabras, sólo la certeza de que lo que decía era verdad.
Dobló una esquina y se encontró ante la realidad de lo que le esperaba más adelante. Crabbe le miraba con desprecio y Goyle un poco atontado, como si supiera que el rubio había hecho algo mal pero no supiera qué. El joven más alto, a quien Draco sabía que lo único que le faltaba para ser un mortífago era la marca, se acercó a él dispuesto a discutir.
-Crabbe, este no es el momento. ¿Por qué no aguardamos a que estemos en nuestro dormitorio para empezar con las mil preguntas?-cuestionó el rubio mucho antes de que su compañero pudiera abrir la boca.
Caminaron en silencio por los pasillos de las mazmorras, Draco siempre pendiente de las varitas de sus compañeros. Esperando en la puerta del dormitorio se encontraba Zabini y Pansy, la última con preocupación empañando su semblante.
-Te estábamos esperando, ¿porqué no pasas adelante?-dijo Blaise, con aire indiferente pero con algo malintencionado en el timbre de su voz. Draco no hizo caso de su tono, pero sabía que, de momento, no había nada más que hacer que seguir las instrucciones del chico de piel oscura.
Una vez adentro del dormitorio se dio cuenta de qué tan verdad eran las palabras que se le habían pronunciado, la mayoría de los chicos de Slytherin se encontraban de pie o sentados en los sofás, mirándole tanto con desprecio como una infinita curiosidad. Draco se encontró rodeado de gente, con todas las salidas protegidas por alguien que le impedía el paso, no fuera que quisiera escapar.
Después de darle un vistazo a la sala común y los rostros que se le enfrentaban Draco decidió que no había vuelta atrás y debería enfrentar esto de la mejor manera posible. Por primera vez la única manera de sobrevivir entre estas serpientes no sería con triquiñuelas si no con la más pura verdad.
-Compañeros de Slytherin, quisiera pedirles que por un momento me dejen contar mi historia y guarden sus juicios para cuando esta haya terminado-dijo, captando la atención de sus compañeros de manera que los hechizos y golpes pudieran esperar por un rato, quizás si tenía suerte algunos decidieran que no valía la pena hacerlo y le dejaran en paz-. Todos deben haber escuchado ya que durante la detención de hace unos días traje a Potter a la enfermería de modo que pudieran curarlo. Sé que para todos ustedes esto no es más que una traición a todo por lo que hemos luchado, pero se olvidan que en este mundo hay algo un poco más grande que las ilusas peleas que podamos tener dentro de Hogwarts. Mi alianza siempre ha sido con Slytherin y eso no lo va a cambiar lo que sea que haya pasado esa noche, mis lealtades siguen y seguirán siendo con esta casa. Si desean creer lo que los digo, bien por ustedes, pero si desean tomar por sus propias manos el hacerme pagar por esta “traición”… Sólo les puedo decir que si hay algo que no pude predecir, pero que ciertamente me agrada, es el hecho que ahora Dumbledore confía en mí lo suficiente como para creer cualquier cosa que le diga. Y nadie querría encontrarse en el lado malo de nuestro viejo director, ¿o sí?
Habiendo dicho esto Draco desapareció entre el mar de gente, que se apartaba de su lado como si fuera un leproso, con dirección a su dormitorio. Blaise, Pansy y los dos gorilas unos pasos detrás, hasta que Pansy tomó su brazo y le hizo girarse. Para ese entonces ya se encontraban frente a la puerta de la habitación de los chicos de séptimo, y su espalda chocaba contra ella con fuerza.
-No esperarás que eso sea suficiente excusa para nosotros, Draco-dijo la chica, mientras le enterraba un dedo índice acusador en el pecho-. No puedes esperar que nosotros te creamos eso, algo más hay aquí que no nos estás contando y no voy a dejar que eso sea así.
-Pansy, querida, lo que tú quieras o no me tiene sin cuidado. Ya le dije a la casa lo que pensaba, donde estaban mis alianzas y todo eso, si quieren creerlo o no ya no es mi problema-dijo el chico, con tono indiferente, incorporándose en toda su altura. No iba a dejar que nadie le hablara como si pudieran mandarle de una u otra forma, en el momento en que los dejara hacer lo que quisieran con él era el momento en que perdería todo su respeto.
-¿Tus alianzas? Sólo hablaste de Slytherin ahí dentro y podrás comprender que con eso no nos has hablado ni de la mitad de tus alianzas, Draco, querido. ¿Por qué no nos dices entonces donde están tus alianzas ahora? Siguen estando con el señor Oscuro o será que ahora estás con Potter también en esto-preguntó Pansy nuevamente.
Draco miró al grupo que lo acorralaba nuevamente y se preguntó que podría hacer al respecto ahora. Pansy y Crabbe eran sin duda simpatizantes de aquel viejo loco, Blaise era completamente neutral, y Goyle… Goyle iría donde sea que su padre le mandara. Si bien sería muy fácil decirles en ese momento que Voldemort podía irse a freír monos al África si quería, que a él no le importaba, sin duda su padre se enteraría en cuanto Pansy terminara de redactar la carta, y aunque por un lado estaba bastante más tranquilo sabiendo que Dumbledore confiaba en él, estaría doblemente tranquilo sabiendo que su padre no sospechaba de sus andanzas.
-Pansy, cuando dije que había cosas más grandes que Hogwarts me refería a esto-dijo Draco, teniendo un pincelazo de genialidad-. Sin duda no pensarás que la magia es algo menor que nuestra querida escuela. Créeme que sólo algo como una promesa, una deuda o un hechizo podrían desviarme de mi camino.
-¿Eso es entonces? Lo que te hizo ayudar a Potter, digo. ¿Un hechizo?-preguntó Zabini, como si no pudiera llegar a creerle.
-No un hechizo, una deuda. Potter me salvó de ser comido vivo por un lobo esa noche-dijo Draco con serenidad-. Comprenderán que no quiero que esto me ate toda la vida a los Gryffindors, es por eso que tengo que hacer lo posible por acabar con esa deuda lo antes que pueda.
-Si es sólo eso estás de suerte-dijo la chica, con una risita, como si lo que acababa de decir fuese suficiente como para calmar todas sus dudas-. Con la manía de ese grupo de meterse en problemas uno podría estar casi seguro que encontrarás la oportunidad de hacerlo dentro de poco.
-Eso espero-dijo Draco, abriendo la puerta a su espalda-. Ahora, si no les molesta quisiera descansar un poco.
La puerta de la habitación se cerró en las narices de los chicos esperando fuera de ella, y fue sólo cuando Draco se encontró finalmente sólo que por fin se sintió lo suficientemente cómodo como para respirar tranquilo. Esto de cambiarse de bandos estaba resultando demasiado complicado, pero si significaba no volver a ver a este monstruo que vivía en su casa era completamente necesario.
No se sentía de ánimo para ir a detenciones, la verdad es que no se sentía de ánimo para nada, pero si no iba a ver a Snape el problema no haría más que volverse mayor. Además su Cabeza de Casa era lo suficientemente implacable como para ir a sacarlo de su cama si lo consideraba necesario.
Tocó la puerta de la oficina una sola vez, seguro que eso bastaría. Severus no olvidaría una detención con él y seguramente le estaría esperando. No estaba equivocado, segundos después la puerta se abrió dejándole pasar a la habitación.
-Malfoy, pasa y siéntate, por favor-dijo el profesor desde atrás de un montón de ensayos que esperaban corrección.
Snape se veía nervioso, pensó Draco de inmediato mientras se sentaba, tenía los hombros tensos y los nudillos blancos. Quizás no muchos se podrían haber dado cuenta, pero no por nada conocía a este hombre desde su más tierna infancia. No por nada era su ahijado.
El mago sacó su varita de entre su túnica y lanzó un hechizo silenciador a los muros de la habitación. Se levantó y caminó hacia una repisa llena de libros, donde empezó a tantearlos como si buscara en ellos la manera de evitar mirar a su pupilo.
-Has visto a Potter recientemente-preguntó Snape, tratando de mostrarse tranquilo, aunque algo en el tono de voz mostraba la falsedad de su acto. Fue entonces que Draco entendió la razón de su actuar extraño, su padrino se sentía tan culpable como él mismo.
-Le fui a ver después del altercado con Zabini-dijo Draco, sabiendo que podía ser completamente sincero con el hombre que tenía enfrente-. Esta mañana me ofrecí para ayudar con un hechizo para que pudiera respirar mejor y ese muy imbécil estuvo a punto de estropearlo.
-¿Cómo estaba Potter?-preguntó el profesor, ahora abiertamente preocupado-. ¿Sabes cómo está llevando su… enfermedad?
-Realmente, no lo tengo muy claro. Madame Pomfrey no quiere decir nada sobre lo que está pasando-dijo Draco, pensando en todas las veces que había visto a los amigos del Gryffindor fuera de la enfermería-. Lo único que sé es que se ve horrible, como si le hubieran sacado de un incendio-algo había en esa frase que le había hecho quebrarse, y no lo había notado hasta que sintió como su voz se transformaba en un sollozo hacía el final.
-¿Estás bien tú?-preguntó su padrino, poniendo una mano sobre su hombro de manera preocupada.
-Sí-respondió Draco instintivamente-. No sé… supongo que en estos días he ganado y perdido muchas cosas. La imagen que tenía de mi mismo se ha visto seriamente modificada, aunque no estoy seguro si esto es para mejor o peor-dijo luego, agachando la cabeza y dejando que sus ojos vagaran por la habitación, evitando los ojos negros de su maestro, padrino y confidente.
-¿Quieres contarme lo que te pasa, Draco?-preguntó Snape.
-No… no aún al menos-Draco miró la mano sobre su hombro-. La verdad es que ni siquiera sé muy bien qué es lo que me pasa. ¿Cómo estás tú, Severus? Te veo nervioso.
-Si he de ser sincero-empezó el profesor, sentándose tras su escritorio y apoyando su frente sobre la base de sus manos-, he estado sintiéndome culpable de lo que les pasó en el bosque. Podría haberles mandado a buscar cualquier otra cosa. ¡Demonios, podrían haber tenido una detención con Filch en vez de conmigo!-Una burbuja de un caldero sobre el mesón cercano a la chimenea los interrumpió al tiempo que llenaba la habitación de olor a mirra-. Es sólo… estaba tan furioso con Potter ese día que cuando les di la orden sólo pensaba en lo genial que sería si algo le pasaba a Potter y le hacía escarmentar. No recordé que era luna llena, nunca pensé en los lobos. Tampoco recordé que estabas con él. ¿Sabes cómo me sentí cuando me enteré que Potter y tú estaban en la enfermería? Pensé que algo te había pasado, que quizás el escarmiento me lo estaba llevando yo por rencoroso… No sé que habría hecho si te hubiese pasado algo grave. Potter te salvó, ¿no? Supongo que le tengo que estar agradecido por su impresionante complejo de mártir…-balbuceó Snape durante un rato. Draco sólo le miraba, entendiendo que, si los últimos días habían sido difíciles para él, para su padrino habían sido un infierno. Jamás le había visto tan perturbado, excepto quizás después de algunas redadas, verle así le oprimía el corazón con dolor.
-Vamos, Severus, puedes estar tranquilo. Yo estoy bien, no me pasó nada-dijo Draco, acercándose a su profesor y poniendo ahora su mano sobre su hombro en señal de apoyo-. Incluso si te sientes mal por Potter, ese imbécil es un santo, puedes hablar con él y pedirle perdón. Seguro eso bastará para que se le olvide todo.
-¿Tú sabes lo que tiene, cierto? ¿Qué enfermedad contrajo?-preguntó el hombre, incrédulo.
-…Sí-respondió Draco después de un rato, evitando su mirada.
-Si fueses tú quién está allí, ¿me perdonarías?-inquirió Snape, con la voz casi quebrada.
-Yo… yo no… no sé-aceptó después de un momento-. Pero no estamos hablando de mí sino de Potter. Estoy seguro que él perdonaría al señor Oscuro por tratar de matarlo si es que le da una buena excusa-dijo, tratando de bromear.
-Si fuera yo, aún sabiendo lo horrible que me siento ahora, no me perdonaría, Draco-dijo Snape en todo grave-. Aún no ha terminado sus fases, y después de eso se dará cuenta que bien podría haberle condenado a un futuro lleno de discriminación y recelo. Le arruiné completamente su futuro y eso es algo que no le podría desear a nadie, ni siquiera al hijo de James Potter.
Cuando dieron las doce Draco se encontraba caminando hacia la Torre de Astronomía sin entender muy bien qué le impulsaba a querer hablar con esa chica. Quizás era la manera en que la muchacha parecía un cadáver de tanta preocupación, quizás era la curiosidad de saber porqué Potter les mantenía tan alejados siendo que eran sus mejores amigos. Aunque suponía que daba lo mismo, mientras lo peor a lo que se arriesgara era a ver los ojos llorosos de Granger y no a un derechazo por parte del bruto de Weasley.
Abrió la puerta y por un par de segundos pensó que estaba solo, hasta que vio la silueta de la chica apoyada contra la ventana. Tenía una capa en las manos y los ojos llorosos. No parecía haber ningún pelirrojo en las cercanías por lo que se acercó y cerró la puerta tras de sí.
-Pensé que no vendrías, Malfoy-dijo la chica, casi sorprendida de verle, como si no le hubiera sentido entrar hasta que cerró la puerta. Lo cual era muy posible por lo ensimismada que se veía anteriormente.
-Dije que lo haría, espero que hayas cumplido tu parte del trato y no hayas traído al mono rojo-dijo el rubio, sentándose en un sofá bajo una de las ventanas.
-Dije que vendría sola y así fue-dijo la chica, sentándose junto a él sin siquiera pedir permiso.
-Bueno, tratemos de hacer que esto sea corto, ¿ok?-Draco apoyó su codo en el respaldo de la silla y la miró con indiferencia mientras jugaba con un mechón de su pelo-. ¿Qué es lo que querías hablar conmigo?
-Bueno, primero quisiera pedirte disculpas por el trato que le haya podido dar a tu casa que haya demostrado discriminación-dijo la chica, hablando como si se le fuera a acabar el aire de un minuto a otro y necesitara sacar todas esas cosas de su sistema antes que ocurriera-. Nunca ha sido mi intención discriminarlos, no puedo hablar por los de mi casa, pero Dios sabe que jamás ha sido mi intención si es que ha sucedido así. Mi desagrado hacia ellos va más condicionado al hecho que ellos me discriminan, tal como tú lo has hecho hasta ahora, por haber nacido de muggles.
-Todos hemos cometido errores, dejemos eso de lado-dijo Draco, quien aparentemente había olvidado ese pequeño detalle y ahora se sentía un poco como un hipócrita, al menos en lo que a Granger se refería. Que él fuera a pedirle disculpas por la manera en que se había referido a ella durante años era otra cosa, bien podía seguir esperando si así era-. Espero que no haya sido eso lo único que querías discutir.
-La verdad es que no-dijo la chica, volviendo a su aire incómodo y despavorido-. Realmente es fácil olvidar, dentro de todo lo que nos ha pasado últimamente, que alguna vez fuiste nuestro mayor enemigo en esta escuela, pero no es algo que debamos desconocer y es por eso que quería hablar contigo. Necesito saber si eres de confianza, si podremos confiar en que no nos traicionarás en el momento en que Voldemort decida ponerte en algún aprieto.
-Sólo tienes mi palabra para guiarte, Granger-dijo Draco, a la defensiva-. Eso y que Dumbledore parece confiar en ella, no sé qué más quieres.
-¿Qué fue exactamente lo que le dijiste a Harry para que cambiara de opinión?-preguntó la chica de pronto-. Porque conozco a Harry y sé que, si bien no dejaría a cualquiera en peligro, no tendría reparos en dejar a un mortífago a su suerte.
-No veo porqué tendría que repetirte lo que hablé con Potter esa noche-dijo Draco, poniéndose de pie-. Ya lo hablé con Potter, repetirlo no me es necesario, si quieres creerme está bien y si no quieres no es mi problema-la mano de la chica se agarró de la manga de su túnica y le impidió moverse hacia la puerta, al tiempo que decía una verdad que no había tomado en consideración:
-Cuando Harry despertó de su inconsciencia tuvo una pérdida de memoria, todos los que estuvimos ahí fuimos testigos y la misma Madame Pomfrey nos corroboró cuánto había perdido. Hasta donde estoy enterada Harry no recuerda nada de esa noche. Lo más probable es que ni siquiera recuerde lo que dijiste y por lo mismo no sé que tanto pueda llegar a defenderte.
Draco no había considerado ese asunto, de hecho había olvidado completamente lo que había pasado cuando Potter despertó. El estado en el que se encontraba ahora le era mucho más preocupante y ocupaba mayor parte de sus pensamientos, su amnesia al despertar era algo que había pasado completamente por alto. Granger tenía razón. Dumbledore podía confiar en él, pero eso sería sólo hasta que Potter despertara y les asegurara que él no recordaba ninguna conversación. La palabra de un Malfoy no era suficiente como para que volvieran a creer en él, y ciertamente no haría que las dudas sobre el ataque a Potter no recayeran sobre él mismo.
-¿Y qué es lo que propones, Granger?-preguntó el chico rubio, volviendo a sentarse.
-No sé qué tanto te crea Dumbledore, pero estoy segura que muchos desconfiarán de ti. Yo podría escuchar tu parte de la historia, si te llego a creer podré interceder por ti de ser necesario-dijo la chica, soltando su mano y poniéndose de pie, para apoyarse contra el vano de la ventana nuevamente.
-¿Qué pides a cambio? Porque no creo que hagas esto sin ganar algo, nadie lo hace-dijo Draco, cruzándose de brazos, como si viera venir algo que no le agradaba en lo más mínimo-, y no veo qué puedo tener yo que te pueda interesar.
-Necesito información-dijo la chica, aún sin voltearse.
-¿Información de qué tipo?
-Sólo quiero saber cómo está Harry-respondió Granger, dándose vuelta y mirándole directamente a los ojos-. Necesito que me digas todo lo que puedas sobre su situación en la enfermería.
-Te diré lo que he visto, pero no puedes esperar que te diga todo lo que sé. Si Potter no los dejó entrar hasta ahora tendrá sus razones y no voy a ir en contra de ellas, lo mínimo que le debo es discreción-dijo Draco, resoluto.
Pomfrey estaba encerrada en su oficina, ajena a todo lo que sucedía en la enfermería, probablemente durmiendo después de un largo día de alumnos quejumbrosos y accidentes varios. Su ausencia le venía bien.
Después de aquella larga conversación con Granger tenía necesidad de ver a Potter, ver su estado actual, en qué fase estaba, tratar de imaginarse lo que debía estar viviendo en esos momentos. Recordar el ataque de los lobos no hizo más que acrecentar el agujero que sentía en su interior.
Caminó hasta el cubículo del chico casi sin pensarlo, quizás no quería volver a ver a Harry tal y como lo había visto en la mañana y sinceramente esperaba que algo hubiera cambiado para mejor. Sólo necesitaba verlo, asegurarse que estaba mejor. Antes de entrar se detuvo al escuchar que no estaba solo.
-Merlín, Harry, lo siento tanto-escuchó a alguien desde el interior de las cortinas. ¿Quién podría estarle visitando tan de madrugada? ¿Y cómo es que Pomfrey le había dejado entrar si ni Granger ni Weasley estaban permitidos?-. No te he podido proteger, en ninguno de tus aprietos te he podido proteger. Debería habérmelas arreglado, estar ahí contigo. Eres sólo un niño, no puedes andar peleando con lobos sólo, en la mitad de la noche.
Draco abrió la cortina un poco, sólo lo justo para enterarse de quien era el que se había escabullido a esas horas para visitar a Potter. Se encontró con una cascada de cabello negro, apoyada contra la camilla. Sus ojos recorrieron el cuerpo del intruso para encontrarse con las manos que apretaban una sábana con desesperación. Había visto fotos de aquel hombre, y sabía muy bien lo que había ocurrido en su tercer año, cortesía de una rata de mano plateada.
-Sirius Black-murmuró, más para sí que nada, pero su voz fue suficiente como para interrumpir los balbuceos culpables del hombre frente a él.
-¿Quién anda ahí?-preguntó el animago, dándose vuelta en su silla para encontrarse con un chico rubio que le miraba sorprendido. Se puso de pie con su mano extendida-. Tú debes ser Draco Malfoy, ¿no? Reconocería ese cabello en cualquier lado. Soy Sirius, el padrino de Harry. Había pensado en hablar contigo para agradecerte el que trajeras a Harry de vuelta del bosque y que ayudaras con el ritual, aunque no pensé que sería tan pronto.
Draco miró la mano que le ofrecían, era la segunda que le ofrecían en tan solo una semana. Tomó la mano con gratitud y se sentó en una silla cercana. No quería hablar, la verdad es que no sabría qué decir.
-No fue nada, se lo debía. El salvó mi vida antes de que yo le fuera a buscar-dijo Draco mirando a Harry por primera vez desde que había llegado-. Es él quien debe llevarse los honores.
Estaba completamente vendado, aunque en muchos lugares parecía ver sangre colarse entre las vendas. Poco a poco estaba seguro que la sangre sería demasiada y las vendas serían cambiadas por unas nuevas, limpias. Mientras el ver como el rostro del chico estaba cubierto de vendajes era suficiente como para revolverle el estómago.
-Malditos lobos-susurró Draco después de unos segundos. No podía sino odiar ver al buscador de Gryffindor en tan mal estado.
-Bueno, de momento no podemos hacer más que preocuparnos de que Harry tenga todo nuestro apoyo. Esto será mucho más duro para él de lo que podría llegar a ser para nosotros-dijo Sirius mientras tomaba se sentaba en la silla que había dejado unos minutos antes.
-¿En qué fase está?-preguntó Draco de pronto, sorprendiendo a Sirius.
-Madame Pomfrey dijo que había entrado a la quinta hace unas horas-dijo el hombre, apoyando su barbilla en una mano-. Eso significa que de momento no nos puede escuchar, ni ver, ni sentir, ni oler, ni hablar.
-¿No puede hacer nada?-espetó Draco, atónito. Era como estar encerrado en su propio cuerpo, esperando que el tiempo pasara y una ventana en sus sentidos se abriera nuevamente.
-No, pero no hay nada que podamos hacer realmente-dijo Sirius, mirando a Harry con ternura y frustración en la mirada-. Eres el único que ha podido ayudar aquí. ¡Maldición! ¡Cómo se le fue a ocurrir ponerse a dormir en la nieve!-añadió de pronto, golpeándose la rodilla con un puño-. ¡Se podría haber muerto de hipotermia!
Draco guardó silencio. Por un lado Sirius tenía razón, y todo el derecho a reaccionar así, Potter había hecho una estupidez; pero Draco no le podía guardar rencor por eso. El chico había recibido una pésima noticia junto con su pérdida de visión, era imposible no sentir compasión por un chico tan desvalido.
-¿Cuándo se van a acabar las fases?-preguntó Draco, tratando de calmar al hombre con otro tema.
-Se supone que sólo quedan hoy y mañana. Con suerte mañana o pasado debería estar de alta-respondió Sirius, enjugándose unas lágrimas que habían asomado a sus ojos.
-Eso me tranquiliza de cierta manera-comentó Draco-. No quisiera que Potter siguiera sufriendo así.
-Te preocupas mucho por Harry-dijo Sirius, en tono de broma-. ¿No será que te está empezando a gustar?
Sin saber porqué Draco se sonrojó de pies a cabeza. La idea le era irrisoria y sin sentido, no había manera que eso fuera posible; pero no podía evitar pensar que Potter era una buena persona y si así fuera no sería tan malo como habría creído años atrás.
-Hasta lo más profundo de mi corazón-dijo el rubio, dejando que su tono de voz demostrara lo ridícula que le parecía la idea.
-No sé qué tan malo sería que Harry encontrara una pareja-comentó Sirius-. Tener a alguien con él en estos momentos le haría sentir menos solo. Merlín sabe que Harry está demasiado solo la mayoría del tiempo.
Draco miró al chico en la camilla y trató de imaginarse lo que le decían. Para él Potter era una persona por lo demás sociable, con amigos que le apreciaban mucho más de lo que a él le habían apreciado en Slytherin. No veía cómo Potter podía llegar a sentirse solo.
-No creo que Potter se encuentre solo realmente-dijo Draco, recordando a Granger y sus ojos llorosos-. Sus amigos le han venido a ver a diario, pero él no los quiso dejar entrar.
-Es por eso que no les deja entrar, creo-comentó Sirius-. Si bien Hermione siempre ha estado a su lado y Ron siempre que lo deja vuelve, Harry conoce muy bien a sus amigos. Sabe que Hermione se volcará a la biblioteca al no entender cómo enfrentarse a su condición y que Ron es lo suficientemente volátil como para odiarle hoy y amarle mañana. Son sus únicos amigos, estoy seguro que quiere evitar perderlos y que mantendrá esto en secreto hasta que sea imposible evitarlo. Es su manera de controlar un mundo tan fuera de control, donde pareciera que todo lo malo le sucede a él.
-Mmm… quizás tengas razón-respondió el rubio, mientras se ponía de pie-. Creo que me iré a dormir, ya he pasado demasiado tiempo fuera de mi dormitorio.
-No dejes que te atrape Snape-comentó Sirius con una sonrisa-. Buenas noches.
-Buenas noches, señor Black.
-Sólo Sirius-dijo el hombre con una sonrisa.
-Buenas noches, Sirius-respondió el rubio con una sonrisa propia antes de desaparecer entre las cortinas, por la puerta de la enfermería a los pasillos oscuros.
Potter se iba a sentir solo.
Sí, ahora que lo pensaba bien estaba seguro que sería así. Ya estaba alejando a sus amigos, y no había quien lo detuviera cuando se ponía imbécil. Pero Draco no dejaría que fuera así. Él sabía lo que era sentirse solo de verdad, con un montón de gente a su alrededor que no confiaban en él más allá de lo que confiarían en un elfo doméstico con varita. No, Draco no iba a permitir que Potter se sintiera solo, aún cuando lo quisiera.
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