martes, 6 de abril de 2010

07 - Obliviate y burbujas (Y)

Sonata de Luz de Luna 
Pieza Séptima: Obliviate y burbujas.




Hermione no había querido regresar a la Sala Común, por lo que se había quedado en la Sala de Requerimientos esperando que su ánimo cambiara y se sintiera capaz de caminar nuevamente. Harry se había comportado demasiado extraño, nunca le había visto así de violento con ella y no quería salir y encontrarse con él de nuevo. La habitación le había otorgado una chimenea ante la cual sentarse y lograr calentar en algo su cuerpo y espíritu, por lo que estaba haciendo uno de ella despreocupadamente; la escuela debía saber mejor que la chica en esos momentos lo que era bueno o no.

Había ido a esa misma habitación para encontrar un respiro ante la incertidumbre que significaba todo el asunto con Harry; sabía que no lo estaba tolerando bien pero había estado tan asustada cuando vio su cuerpo ensangrentado esa noche que no podía dejar de pensar lo peor. Hermione no era estúpida como el chico había insinuado, al contrario, era suficientemente inteligente como para saber que la noche en la que su amigo había sido atacado era una de luna llena y que si bien no era extraño que el bosque tuviera animales peligrosos dando vueltas era muy inusual que justo esa noche se encontraran con lobos. Acromántulas, centauros, escregutos de cola explosiva, cualquier cosa era más común que un lobo normal.

Pero Harry y Malfoy se habían encontrado con un lobo, en noche de luna llena.

No quería pensar que ahora Harry estaba pasando por lo mismo que pasaba Remus (¡no podía ser posible!) y aunque aún no encontraba otra solución, ni podía entender que es lo que estaba pasando, su mente giraba entre variables incongruentes sólo para evitar que sus instintos le dijeran lo correcto.

Había pasado demasiado tiempo en la enfermería; debía haber algo más que no les estaban contando, alguna maldición o un hechizo mal invocado. Quizás esa era la razón por la que durante tanto tiempo Harry estuvo confinado a esas cuatro paredes, la razón por la que cuando despertó no podía ver ni recordar nada de la noche anterior, la razón por la que no les quería dejar visitarlos.

Tal vez Harry tenía razón y estaban confiando demasiado en Malfoy; después de todo él era el único que sabía lo que había pasado esa noche y, si bien Dumbledore confiaba en él, todo podía ser un error de juicio y una planeada mentira por parte del Slytherin; pero en vista que no sabían qué más podía haber pasado esa noche no sabía qué pensar… y la verdad es que el chico rubio le había parecido muy sincero cuando habían hablado esa noche.

La puerta de la habitación se abrió de pronto, y Hermione se sorprendió a si misma al darse cuenta que su cuerpo había actuado por instinto y desenvainado su varita inmediatamente ante la posibilidad de que fuera Harry. Sólo bastaron un par de segundos para que se sintiera absolutamente avergonzada tanto de sus acciones como de que no era quien esperaba.

Ron le miraba perplejo desde la puerta, con el Mapa del Merodeador en la mano.

-¿Estás bien, Hermione?-preguntó, sin querer acercarse más por miedo a que la chica reaccionara con un hechizo.

-Sí, sólo déjame componerme un poco-dijo la chica, dándole la espalda a su amigo para poder secarse las lágrimas sin que lo notara, o al menos tratando fútilmente que así fuera, pues cuando sintió la mano del pelirrojo sobre su hombro, instándola a girar y darle la cara, supo que era completamente innecesario hacerlo. Su amigo estaba en cuclillas, mirándole con cariño.

-Hermione, mira cómo estás-dijo el chico, secándole las mejillas con la manga de su túnica-. ¿Qué pasó aquí? Vi en el mapa que estabas con Harry, luego le vi salir corriendo. ¿Qué es lo que pasó? No creo que hayan discutido.

-Fue exactamente eso-dijo la chica, tratando de vencer los sollozos que luchaban por salir-. Harry estaba aquí, discutimos por Malfoy, por ridículo que parezca. Me llamó una tonta por confiar en él, me pregunto si no lo seré realmente.

-Vamos, Hermione, si hay alguien de quien podemos decir que no tiene un pelo de tonta es de ti-dijo Ron, con una sonrisa amigable-. No dejes que lo que diga Harry te afecte, cuando estamos enojados todos somos capaces de decir estupideces, lo digo con conocimiento de causa.

-Pero es que no entiendes…-empezó la chica, mirando a su amigo con ojos suplicantes-. Harry estaba muy extraño, fuera de sí. No estaba solo enojado, estaba iracundo, completamente furioso. Nunca le había visto así, realmente me asustó.

-Tendré una conversación muy severa con él entonces, en cuanto lo encuentre. Esa no es manera de tratarte-dijo el chico, poniéndose de pie y pasando una mano por bajo su brazo para ayudarle a ponerse de pie. Hermione no pudo evitar hacer un gesto de dolor cuando apretó el lugar donde las marcas de las manos de Harry se debían estar empezando a formar-. ¿Hermione?

-No es nada, no te preocupes-dijo la chica, horrorizada de lo que podría llegar a pasar si Ron se enteraba.

-Diffindo-pronunció Ron, apuntando con su varita a la manga de Hermione, sin esperar que la chica siguiera excusándose. Las mangas de su sweater y blusa cayeron hasta su muñeca como en cámara lenta, descubriendo poco a poco la figura de los dedos de su amigo habían formado hematomas que con cada segundo se volvían más y más oscuros-. Él hizo esto-dijo, con certeza, no como pregunta-. Lo voy a matar.

-Ron, no, no es necesario-suplicó la chica, poniendo una de sus manos sobre la varita del pelirrojo-. Estoy bien, y Harry sólo estaba asustado, enojado.

-¡No lo defiendas!-exclamó el chico, separándose un par de pasos de Hermione-. ¡No ha tenido todos estos días en ascuas y cuando sale de la enfermería lo primero que hace es agredirte! ¡Te llama tonta por confiar en Malfoy cuando aparentemente la persona que no es digna de nuestra confianza es él!-Ron daba vueltas por la habitación, como si las ideas le persiguieran y quisiera dejarlas atrás-. No lo voy a matar, pero no puedo dejar de pensar que lo mínimo que se merece es una paliza. Vete al dormitorio, trata de conciliar el sueño, no te preocupes por mí.

No pasaron muchos segundos entre que el chico había dicho esas palabras y que salió de la Sala de Requerimientos pero a Hermione se le habían hecho interminables, aún peor era el sentimiento de que habiendo tenido todo ese tiempo para detenerlo había sido incapaz de hacerlo. ¿Cómo se suponía que volviera a la Sala Común como si nada hubiera ocurrido? ¿Cómo se suponía que lograría dormir con el cuerpo tan alerta de la suerte de sus amigos?

Merlín, por qué era tan difícil vivir la vida sin problemas para ellos…

Ron corría por los pasillos de la escuela, consciente de la presencia de Snape, Filch y Norris; cada uno correspondientemente dibujado en el mapa. Estaba también consciente de la marca con el nombre de Harry, quien de momento parecía estar escondido en el baño de Myrtle, la llorona.

No debió haber tardado más de diez minutos en llegar, pero su ira se había calmado lo suficiente como para escuchar preocupado cuando el fantasma de la chica apareció a su lado, desesperada.

-Tienes que ayudarlo, no me quiere decir que le pasa, pero no se encuentra bien-dijo ella, agarrándose las trenzas con fuerza-. Tienes que hacer algo por él, ayúdalo, por favor.

Ron entró en el baño, cada segundo que pasaba se sentía como si su corazón martillara incesante contra sus costillas. Un sollozo ahogado le oprimió pecho con fuerza. No podía ver a Harry entre los lavabos pero según lo que había visto en el mapa este no estaba allí. Se internó hacia el área de los cubículos; los lamentos haciéndose cada vez más presentes en el eco que chocaba contra la cerámica de la habitación.

Harry se encontraba al final de la fila de puertas, apoyado entre una de éstas y la muralla; como si su cuerpo no hubiese sido capaz de resistir su peso, el chico se encontraba en el piso, con las rodillas a la altura del pecho. Una de sus manos estaba apoyada sobre su propia cabeza, como si con ello evitara su explosión, la otra enjugaba inútilmente las lágrimas que corrían por sus mejillas tal como los sollozos y suspiros se arrancaban de su boca.

El pelirrojo sentía como su ira se evaporaba y no podía sino lanzarse frente a su amigo, abrazándole con fuerza. El cuerpo del moreno parecía no reaccionar del todo, pero había logrado entender que había alguien invadiendo su espacio personal. Harry se había quedado helado.

-Está bien, Harry, todo está bien, amigo-murmuró Ron contra su oído, imprimiendo aún más fuerza a su abrazo.

-Ron, le grité, le grité y maltraté-susurró Harry, quebrándose entre los brazos de su amigo, cayendo en ellos, sumergiéndose entre el calor que su cuerpo le entregaba. Le apretó con fuerza contra sí, negándose a sentir que el pelirrojo se le pudiera escapar. Necesitaba esa seguridad que sólo él le podía entregar en estos momentos-. Soy un monstruo, Ron. El monstruo que llevo dentro está ganando con cada segundo y me aterra. No quiero ser un monstruo, no quiero que me odien.

-Vamos, Harry, estabas enojado pero no es para tanto-dijo Ron, sonriéndole con algo muy parecido a la lástima-. Es verdad, Hermione está un poco asustada pero no es para tanto, no eres un monstruo. Todos sabemos que no podrías estar más lejos de serlo.

-¡El problema es que sí lo soy!-exclamó Harry-. Ron, soy un hombre-lobo-añadió distanciándose un poco de él.

Ron le miró atónito, una mezcla entre que no entendía lo que le estaban diciendo y que no era capaz de asimilarlo. ¿Hombre-lobo? ¡Imposible! ¡Se habrían enterado, alguien les habría dicho! Aunque suponía que eso dependía de Harry y si Harry no les había querido decir no tendrían por qué hacerlo… ¡Pero era imposible! ¿En qué momento iba a estar su amigo lo suficientemente vulnerable como para que algo así ocurriera? Había estado todo ese tiempo en la enfermería, bajo la vigilancia de Pomfrey, no había manera que un hombre lobo se hubiera infiltrado en Hogwarts para atacarle. La enfermería era impenetrable… enfermería en la que Harry había terminado luego de una pelea con un lobo…

-Merlín… no puede ser…-musitó Ron, sosteniendo a su amigo a la distancia de un brazo para poder verle mejor. El chico se veía horrible, como si el Hogwarts express le hubiera pasado por encima, pero sus ojos habían encontrado algo parecido a la decisión. Ya no había lágrimas sino la más completa seguridad de que lo que hacía era lo correcto-. Tienes que estar mintiendo…

-Sí, Ron, no es posible. Nada de lo que escuchaste es verdad-dijo Harry, sacando su varita en un movimiento que le tomó sólo un segundo y pronunciando una palabra que nunca creyó que usaría con su mejor amigo, pero era mejor así: Obliviate.









Draco no podía dejar de mirar a Potter.

Decir que su comportamiento había cambiado desde que había salido de la enfermería era la frase del siglo, más que irrefutable. Llevaba casi una semana entera observándole y podía decir con toda propiedad que no sólo se había vuelto apático y taciturno, también había dejado de hablar con el resto del Trío Maravilla, con sus compañeros de casa, había incluso llegado a abandonar su puesto de capitán del equipo de Quidditch.

Había quienes decían que se pasaba horas en la biblioteca, buscando maneras de acabar con Voldemort; otros elucubraban que el Trío había tenido problemas cuando se había descubierto un triángulo amoroso entre ellos, por lo que el moreno había escapado del grupo cuando Hermione le había rechazado a favor del pelirrojo; las teorías más rebuscadas decían que Harry había perdido la memoria y ahora pasaba su tiempo buscando en la hemeroteca del colegio los retazos de su vida que podían aparecer en el periódico.

Cualquiera fuese el caso era obvio que esos tres estaban deprimidos.

Por un lado Weasley no parecía entender qué era lo que le pasaba a Potter, por qué era que el chico no les hablaba ni les dirigía la más mínima de las miradas, pero a la vez se notaba que tenía ganas de darle una buena paliza si lo veía algún día solo; por otro lado Hermione parecía tanto aliviada de que Ron no decidiera cumplir sus amenazas de agresión al otro chico, como angustiada por lo que el moreno hacía cada día por sí solo.

No parecía que Potter fuera a salir del hoyo que se estaba excavando.

Estaba cada día más pálido, cada día más delgado. Las pocas veces que se presentaba en el Gran Salón a alguna de las comidas no hacía más que jugar con las verduras en su plato y nunca llegaba a tocar la carne que los elfos parecían presentarle con más frecuencia que a otros alumnos. No era extraño que en las contadas ocasiones en que un bistec apareciera en su plato el chico se pusiera de pie rápidamente y saliera de la habitación como si el Barón Sangriento le estuviera siguiendo.

Hoy era una de esas ocasiones, y Draco estaba hastiado de todo eso.

Puso su cubertería sobre la mesa y luego de limpiarse la boca de forma muy calmada se despidió de sus compañeros diciendo que tenía un ensayo de pociones que escribir. No era buena idea que su casa le relacionara con el chico con el que se había tratado de distanciar durante toda la semana.

Salió del salón con paso tranquilo, pero en cuanto la puerta se cerró tras él corrió todo el camino hasta la torre de Gryffindor con la esperanza de encontrarse con Potter en esa dirección. No fue hasta el quinto piso, cerca de la estatua de Boris el desconcertado, que Draco le encontró. Corrió más fuerte y le tomó de la mano, arrastrándole dentro del baño de los prefectos.

Cuando cerró la puerta de la habitación se encontró cara a cara con la varita de Potter.

-Sabía que alguien me estaba siguiendo pero no pensé que fueras tú, Malfoy-dijo el chico, sin dejar de apuntar-. ¿Qué es lo que quieres?

-Quisiera que tuviéramos una pequeña charla, si no te molesta-respondió Draco, tratando de mantener el control de la situación.

-¿Y tu manera de charlar es arrastrando gente a habitaciones sin su conocimiento?-preguntó sardónico Potter. Draco sólo sonrió de forma maquiavélica y se apoyó contra la muralla más cercana.

-No pude evitar ver cómo te estás cayendo en un hoyo cada vez más profundo, Potter-dijo el rubio, haciendo caso omiso de las palabras de su compañero-. No es que me preocupe demasiado lo que hagas con tus amiguitos, pero si me di el trabajo de traerte del bosque no fue para ver cómo te desvanecías poco a poco. Tú no eres así y, aunque me pese el hecho que me importe siquiera, no quiero verte gastar así tu vida.

-Eso nos trae a un punto que no sabía cómo hacer para tratar contigo-exclamó de pronto Potter, poniendo sus manos en la muralla que sostenía a Draco, una sobre cada hombro del chico. La cercanía era suficiente como para sentir la respiración del otro sobre su rostro-. Cómo es eso de que me rescataste del bosque. ¿Qué rescate? ¿De qué hablas? Yo no recuerdo nada de esa noche, ¿quién me asegura a mí que no fue culpa tuya todo este embrollo en el que estoy metido?

-Realmente no recuerdas nada-susurró Draco, sorprendido. Miró a los ojos de Potter, tratando de encontrar una seña en ellos que le dijera si decía la verdad o no, no encontró más que un color verde perplejo que le miraba con suspicacia-. No recuerdas nada de esa noche, aún cuando es tan importante para mí.

-Entonces hazme recordar, cuéntame lo que pasó-dijo el moreno, acercándose un poco más hasta que Draco era capaz de sentir nuevamente ese olor que ahora identificaba como propio de Potter; ese olor a tierra mojada y madera que se le había quedado prendado desde el ritual-. Déjame ser yo quien juzgue si eres o no de confianza.

-Esa noche decidiste que yo sí era de confianza, o al menos digno de ser ayudado en un momento de necesidad-dijo Draco, evitando su mirada. Por alguna razón le dolía que el chico ahora le mirara como si no creyera una palabra de lo que salía de su boca-. Esa noche no necesitaste mucho para entender que jamás sería capaz de trabajar para el Señor Oscuro, no podría trabajar para alguien a quien le tengo tanto miedo y asco.

-Viste a Voldemort-susurró Harry, de pronto entendiendo un poco de lo que podría haber pasado. Draco se sentía como si pudiera dejar escapar una carcajada sólo por la ridiculez de lo que acababa de pasar: Potter había usado las mismas palabras esa noche, y entonces como ahora habían parecido suficientes como para hacerle entender que habían sentido lo mismo.

-Sí, vi a Vo-Voldemort. No es algo que quisiera repetir realmente-dijo Draco-. En ese momento dije que pretendía mantenerme neutral, pues los traidores no tienen un lindo final entre ellos. Tú me aconsejaste hablar con Dumbledore, que es lo que hice.

-¿Por qué tuviste que ver a Voldemort siendo tan joven? Casi todas las visiones que he tenido de las iniciaciones son de personas bastante mayores que nosotros-dijo el moreno. Draco se tuvo que volver a mirarlo para asegurarse que había escuchado bien. ¿Potter tenía visiones de lo que el Señor Oscuro hacía? Eso explicaba por qué había entendido tan bien a lo que se refería cuando había hablado de los traidores.

-Mi padre quería mostrarle que tenía un heredero dispuesto a seguirlo-respondió el rubio, volviendo a esquivar la mirada. Esto era algo en lo que no quería ahondar realmente, pero que era demasiado necesario para que Potter confiara en él. Si el chico preguntaba se vería obligado a responderle.

-¿Por qué era tan importante para Lucius que lo supiera? Todo el mundo asume que un hijo de Lucius es inmediatamente un mortífago-dijo Harry, la desconfianza volviendo a sus ojos.

-Yo no soy hijo único, Potter-dijo Draco de pronto, maldiciendo la impecable suerte del otro de hacer justo las preguntas que él no quería oír-. Tengo una hermana, mayor que yo. Estudió en Beauxbatons, lejos de la influencia de mi padre, por lo que no compartía sus mismas creencias. Cuando salió de la escuela le dejó muy en claro que no quería tener nada que ver con el nombre de la familia y sus conexiones con el lado oscuro. Mi padre la desheredo y sacó del árbol de los Malfoy. Voldemort sabe de su existencia y temía que yo, que estoy tan próximo a salir de la escuela, hiciera lo mismo que ella.

Potter parecía sorprendido; Draco se sentía tan sorprendido como el otro parecía estarlo, a decir verdad. No podía creer que hubiera sido capaz de contar esa historia a alguien como el Gryffindor. Era un tema completamente vedado para todo aquél que supiera algo de la chica, y nadie se atrevería a pronunciar palabra sobre ella ante un Malfoy. Sin embargo ahora el mismo Draco había abierto su boca para contar su historia ante nada más y nada menos que Potter. Cuando había hablado con Dumbledore no había sido necesario contarla, seguramente el viejo ya la conocía, por lo que antes de eso Draco jamás había tenido la ocasión de decir en voz alta: “Tengo una hermana”.

-Tienes que estar mintiendo, si tuvieras una hermana todo el mundo lo sabría-dijo Harry, completamente anonadado y algo furioso.

-Cuando desheredas a alguien en el mundo mágico no sólo le quitas su fortuna, su familia, haces que el tema sea tabú. Nadie fuera de la familia puede saberlo a menos que sea alguien de la misma quien lo cuente-dijo Draco-. Pero ese no es el punto, Potter.

-El punto es que Lucius tenía razones para mostrarte como servil y tú ahora demostraste que la historia se repite-dijo Potter, con un fuerte razonamiento que Draco no pudo refutar.

-Es verdad. Antes pensaba mantenerme lo más alejado del problema como me fuera posible, no quería que nadie se enterara de que mi lealtad flaqueaba, pero después de esa noche, Potter-empezó Draco, acercándose un poco al otro chico hasta que sus narices se tocaban-. Esa noche me pediste que corriera cuando los lobos aparecieron, y yo lo hice. Pero tus gritos mientras peleabas con el lobo me seguían, no me dejaban en paz. Creí que morirías, no podía dejarte así. Me devolví a buscarte y te encontré así, a punto de la muerte. Tenía que ayudarte, tú me habías salvado la vida, Potter, no podía dejarte tirado y desangrando. Te traje al castillo, sabiendo lo que eso significaría para todos los partidarios de Voldemort. Te traje sabiendo que estaba arriesgando mi cuello al hacerlo, pero si estaba vivo en esos momentos es porque tú me salvaste la vida primero.

-Recuerdo que mientras estaba en la enfermería tú hablaste conmigo un par de veces-dijo Harry pronto, sin alejarse, si no que juntando sus frentes hasta que ya parecía que no había manera de separar uno del otro-. Hubo un par de veces en que me ayudaste allí, me sacaste adelante casi sin pensarlo. Tú eres quien se ofreció para el ritual de Remus.

-Era lo mínimo que podía hacer-dijo Draco, mirando a los ojos del chico frente a él; algo extraño había en ellos, como un fuego que danzaba en sus irises y que le hipnotizaba, le obligaba a seguir mirando-. Incluso con todos los problemas que he tenido en Slytherin, ya no puedo negar quien soy.

-¿Y cómo se sintió?-preguntó Potter, de pronto tomando su mentón con una mano y alineando sus rostros de forma que pudiera ver sus ojos directamente.

-¿Cómo se sintió qué?-preguntó Draco por su parte, sin entender a qué se refería el chico frente a él, el chico cuyo aroma estaba saturando sus sentidos e impidiéndole pensar con calma.

-¿Cómo se sintió besarme mientras estaba inconsciente?-dijo el moreno, mirando los labios de quien tenía enfrente-. ¿Crees que se sienta muy distinto de cómo se sentiría estando yo despierto?

Draco iba a contestar, pero le fue imposible, pues en ese momento Potter decidió mostrarle la respuesta con sus propios labios. Labios que se habían posado sobre los suyos muy suavemente, como si no quisieran ser notados. Labios que ahora se movían contra los suyos buscando algo que Draco no parecía saber de sí mismo. No podía ser posible que estuviera dejando que Potter hiciera esto con él. No podía ser posible que no fuese capaz de impedir que Potter le besara. No podía ser posible que no quisiera detenerlo, que no quisiera que eso se acabara, que no quisiera dejar que sentir la presión de su boca contra la de él, de sentir ese aroma que se impregnaba en su ropa y su cerebro. No podía ser posible que Draco lo estuviera disfrutando así.

El rubio dejó que sus labios hablaran por él y respondió el beso, consciente que su inteligencia le había dejado y que en esos momentos era mucho mejor sentir que pensar. Dejó que sus labios de movieran contra los de Potter, que ese calor que se extendía por su pecho se acrecentara, que sus lenguas se tocaran y sus brazos decidieran caminos propios que tomar. No quería que esto se acabara, no quería que el chico se alejara de él y todo terminara. Le abrazó con fuerza mientras se besaban, mientras dejaban que sus bocas hicieran un mejor trabajo de lo que jamás habían hecho cuando se trataba de hablar. Obviamente los dos chicos se llevaban mucho mejor así de cerca, así de compenetrados, así de extasiados, de lo que nunca se habían llevado cuando eran las palabras las que tenían que hacerse entender, sus labios se entendían mucho mejor sin ayuda de ellas.

-… Potter-susurró Draco cuando el chico decidió meter sus cálidas manos dentro de su camisa.

Todo acabó cuando las palabras salieron de su boca.

Potter se había separado de él casi instantáneamente; ahora eran más de dos metros la distancia que había entre ellos y Draco no parecía entender cómo había hecho el chico para moverse tan rápido.

-Esto no ocurrió nunca, Malfoy-dijo Potter antes de salir disparado hacia la puerta.

-Espera, Potter, necesito saber que me crees-pidió Draco, alcanzando una de las mangas de la túnica de su compañero y sosteniéndole para evitar que escapara-. Esto no ocurrió nunca pero necesito saber qué crees lo que te dije antes: No pretendo seguir a Voldemort.

-Te creo, Malfoy, ahora déjame en paz-dijo el moreno, antes de abrir la puerta y desaparecer tras ella.

Miró a su alrededor como sin entender en qué momento había llegado ahí. La conversación con Potter no había salido como quería, nada de lo que pretendía lograr había sido llevado a cabo, y si era posible ahora tenía muchas más dudas de las que había tenido al entrar en esa habitación. Draco quedó en el baño, con el cerebro abarrotado de imágenes y sensaciones. Ebrio de ideas que sería mejor que su cuerpo olvidara, pues nunca iban a ocurrir de nuevo.

Cuando sus ojos encontraron la bañera, que se extendía ante sí como un lago de agua rodeado de burbujas y niebla, Draco no pudo hacer más que seguir sus instintos y caminar hacia ella. Se sumergió en el agua buscando un respiro, buscando que el agua borrara el rastro de las manos y labios de Potter, buscando que su cerebro se apagara por un momento para ver si al prenderse de nuevo podía volver a la normalidad.

Algo le decía en su interior que esa normalidad que buscaba no llegaría nunca.






Pasaron dos semanas en que Draco evitó por todos los medios posibles el encontrarse a solas con Potter; por su parte el otro chico parecía estar haciendo lo mismo. Aunque si era sincero era capaz de admitir que el chico no sólo le evitaba a él sino también a sus amigos.

Al rubio le dolía el orgullo el pensar que Potter le estaba tratando de olvidar, sus besos no eran tan malos ¿o sí?, pero entendía la necesidad de evitarlo. Después de todo nadie quería que algo así se repitiera y, si tenía que ser sincero, la idea de estar solo con el moreno le era muy incómoda.

Pero que Potter estuviera evitando a sus amigos aún era algo completamente innecesario, algo sin precedentes. El Trío llevaba, oficialmente, un mes sin hablar. Era demasiado tiempo como para que Draco se sintiera bien con la situación. Ahora estaba más que seguro que lo que sea que hacía que el moreno les evitara tenía que tener que ver con la condición del chico. Esa era otra de las cosas que le molestaba de ese asunto de andarse evitando; la luna llena se acercaba y Potter se veía cada vez peor. El que sus amigos no estuvieran con él en ese momento sólo debía hacer que la situación fuese aún más mala.

Había tratado de instar a los dos Gryffindors a que hablaran con su amigo, pero siempre se había encontrado con negativas. Weasley pensaba que lo que fuese que pasaba no tenía nada que ver con él y bien podía tragarse sus palabras; Granger prefería ignorarlo, a menos que tuviera algo que decir que realmente no supiera y, si bien Draco pensaba que la chica entendería, no iba a contarles algo que no estaba seguro que Potter quisiera que ellos supieran.

Realmente le estaba molestando esta aparente lealtad que había desarrollado para con Potter.

Quizás un pequeño vuelo alrededor de la cancha de Quidditch le sacara a Potter de la cabeza por un rato.

Llevaba su escoba apoyada contra uno de sus hombros, y estaba distraído del camino con ideas de cómo lograr que el Trío volviera a hablar, por lo que no había notado que alguien iba caminando en la dirección contraria hasta que chocó con él, con Harry, el mismo Harry que había estado evitando durante dos semanas.

-Sal de mi camino-dijo éste con la voz quebrada, posiblemente al no haberla usado en todo ese tiempo.

Draco sólo se movió a un lado, sin dejar de mirar a los ojos verdes de Harry en ningún momento, como tratando de entender qué era lo que pasaba por su cabeza ahora que el destino los había puesto en el mismo sitio. Cuando Harry le hubo pasado de largo el rubio le seguía mirando, la confusión escrita a través de su rostro.

-Deja de mirarme-dijo Potter, casi enojado, deteniéndose para decir esas palabras-. Me hace sentir incómodo el saber que me miras así.

-¿Mirarte cómo?-preguntó Draco, sorprendido.

-Como si quisieras ayudarme-dijo el moreno, antes de seguir su camino.

Draco no pudo dejar de sentir que algo estaba muy fuera de foco allí, por lo que le siguió. Potter dio un par de vueltas hasta llegar al Salón de Pociones. Ahora sí que Draco sabía que algo raro estaba pasando, él jamás entraría ahí por voluntad propia. Sacó una de las orejas extensibles, que guardaba en sus bolsillos por si alguna vez necesitara espiar a alguien de los de su casa mientras planeaban algo en su contra, y la metió en la sala por el resquicio de la puerta.

-Potter, te ves horrible-escuchó decir, en la voz característica de Snape, pero con un dejo de preocupación que nunca había escuchado cuando se trataba de Potter.

-Lo sé, pero es cosa de acostumbrarse-dijo Potter, con voz cansada-. ¿No ha habido noticias de Remus?

-Nada, ni una lechuza ni un llamado vía Flu-contestó Snape. Era extraño escucharle hablar así con Potter, como si el chico no fuera una de sus personas más odiadas sino uno de los estudiantes a los que respetaba-. Debería haber contestado hace al menos una semana, no puedo sino preocuparme.

-Desearía saber si estará ahí…

-Con respecto a eso-dijo Severus, como si la que se venía era una conversación que hubiera preferido no tener-, el Consejo Escolar no quiso aceptar la petición de Dumbledore de que pasaras la transformación en el castillo, argumentando que ya de por sí era suficiente el que te dejaran estudiar. No nos quedó otra opción que la de poner una cabaña en el Bosque Prohibido que será ocupada para estas ocasiones.

-Pero… la casa de los gritos…

-La Casa de los Gritos está muy lejos de Hogwarts como para poder estar tranquilos de tu seguridad-dijo Snape. Draco podía imaginarlo poniendo sus dedos sobre el puente de su nariz para evitar un dolor de cabeza-. Black trató de ofrecerse a acompañarte, pero Dumbledore le mandó en una misión y no volverá hasta dentro de seis días.

En el salón se escuchó un sollozo y Draco se tuvo que morder el labio para evitar quejarse con él. Potter estaba llorando.

-Potter, realmente lo siento. Quisiera que hubiera algo que pudiera hacer para que no tengas que pasar por esto, pero no puedo… y no puedo dejar de pensar que fue mi culpa…

-No lo fue, Snape, puedes estar tranquilo de eso-dijo Potter, quien aparentemente se había recuperado-. Es sólo que estoy algo angustiado con respecto a esta noche y la preocupación me está empezando a ganar.

-¿Estás seguro que estás bien?-preguntó Snape, en un tono que Draco sólo había escuchado dirigido a él mismo-. Te puedes quedar en la enfermería hasta que la hora sea la indicada, te ves como si necesitaras unas horas más de sueño.

-Aunque quisiera no creo que podría-comentó Potter, evadiendo la pregunta-. ¿Dónde tendré que ir esta noche, entonces?

-Preséntate en la enfermería a las ocho de la noche. Poppy y yo te iremos a dejar a la cabaña antes de que salga la luna-dijo Snape-. Mientras podrías tratar de dar una vuelta, calmarte.

-Sí, eso haré. Daré una vuelta por el lago, después de todo esta será una noche muy larga, ¿no?-dijo Harry, mientras abría la puerta del salón. Draco se escondió rápidamente tras una estatua mientras Potter pasaba en dirección a la puerta del colegio.

Lo había olvidado completamente. Había pasado un mes desde el ataque. Esa noche era luna llena.

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