martes, 4 de mayo de 2010

09 - Lobo Alfa

Sonata de Luz de Luna

Pieza Novena: Lobo alfa.





-¿Qué está pasando aquí? ¿Qué significa esto?-preguntó Madame Pomfrey, repitiendo una pregunta que nadie había parecido escuchar la primera vez. Los ojos de los ocupantes de la cabaña la miraron sorprendidos, como si hubiera roto un momento importante al hablar fuera de tiempo-. ¿Qué hacen todos ustedes aquí? Aparte de Harry no debería haber nadie más en esta cabaña.

-Es un larga historia-dijo Draco, tomando la palabra por todos aquellos que se habían quedado sin ellas.

-Pues será mejor que piensen que dirán mientras llevo a este chiquillo a la enfermería. Tendrán mucho que explicarle al director-dijo la enfermera, mientras conjuraba un cabestrillo bajo el brazo de Harry, casi al mismo tiempo en que lanzaba un hechizo para diagnosticar si no había más que temer entre sus lesiones.

Harry se había puesto de pie con la ayuda de Remus, quien había apoyado uno de sus brazos en la cintura del chico para ayudar a que se mantuviera en pie, aún cuando no era realmente necesario. Salieron todos de la cabaña evitando mirar el estado en el que habían quedado sus alrededores, aunque por el rabillo del ojo se podía ver como sangre y veneno adornaban las murallas y el suelo a sus pies.

-A mi me interesa saber ahora-dijo Harry rompiendo el silencio y llamando la atención de los que viajaban por el bosque-. ¿Qué hacían aquí?

-Te estábamos buscando, Harry-dijo Hermione, tomando la palabra antes que Malfoy o Ron pensaran en inventa una excusa-. Te seguimos. Queríamos saber por qué te habías distanciado de nosotros, pensamos que podríamos entender si descubríamos qué hacías de noche cuando salías de la Sala Común.

-¿A qué hora empezaron a seguirle?-preguntó Madame Pomfrey, un dejo de firmeza en su voz.

-Desde ayer en la noche, cuando salía de la enfermería-dijo Ron, mirando al suelo-. Le habíamos buscado antes pero hasta entonces no le habíamos encontrado.

-¿Pasaron la noche en el bosque?-preguntó Harry, sin poder contenerse de hacer la pregunta

-La verdad es que… después de que Madame Pomfrey y Snape se fueron escuchamos un grito desde la cabaña y corrimos a ver qué pasaba-dijo Hermione, mirando a Harry a los ojos y tratando que este entendiera que no le culpaban de nada y que comprendían muy bien lo que habían visto y no le juzgaban-. Nos encontramos con un hombre lobo y salimos corriendo, pero en el camino nos interceptaron un par de acromántulas.

-¡Chiquillos irresponsables! ¡No me explico cómo pudieron salir ilesos!-exclamó la enfermera entre asombrada e iracunda.

-El lobo de la cabaña, o sea, Harry-dijo Ron, guiñándole un ojo a su amigo aunque aún se veía pálido de sólo recordar lo que había pasado-, se puso a pelear con las arañas. Mientras él peleaba nosotros huimos a la cabaña.

-¿Y tú, Remus? ¿Cuándo llegaste aquí?-preguntó la enfermera, que no parecía perder la calma por completo, sino que mantenerse al borde de hacerlo.

-Cuando atacaron a Harry-respondió el hombre, mirando directamente a la enfermera-. Llegué al castillo cuando ustedes ya se habían ido, por lo que tomé mi poción y me transformé; estando como lobo sentí los aullidos de Harry y no podía menos que venir a ayudarle.

Harry le miró por unos segundos, tratando de que su cerebro procesara la información. Su mente se pobló poco a poco de imágenes que le eran desconocidas, aunque parecían como recuerdos y en algún punto de su interior las podía reconocer como propias. Había un sentimiento que saltaba de entre todas ellas, que se repetía en cada uno de los recuerdos: protección. Durante la noche al parecer había sentido la necesidad de proteger y el calor de ser protegido.

Sin pensarlo dos veces se giró en su lugar, atrayendo hacia él el cuerpo de Remus y dándole un abrazo con fuerza, dejando que el dolor pasara a segundo plano.

-Te extrañé mucho, Remus. ¿Por qué no viniste durante la semana?-preguntó Harry al oído de la única persona que podía comprenderlo totalmente en esos momentos.

-Lo siento mucho Harry, realmente lo siento. Hubiera deseado poder estar contigo todos estos días previos a tu transformación. Créeme que si no hubiera tenido una razón de fuerza mayor habría sido tal y como te dije que sería-respondió el ex profesor, abrazando al chico con tanta fuerza como era abrazado y cuidando de no tocar su brazo-. Te contaré luego, ¿está bien?

-Basta de demostraciones de cariño, estos no son momentos para eso. Este chico necesita ir a la enfermería, descansar por un buen tiempo y estar tranquilo-interrumpió la enfermera, tratando de parecer severa, aún cuando tenía lágrimas en los ojos y la voz entrecortada de emoción.

El resto del camino transcurrió en silencio hasta que llegaron a la enfermería, a la que sólo entraron los dos licántropos y la enfermera. Los otros tres se quedaron afuera, un poco perdidos con respecto a qué hacer ahora que todo había pasado y aún no podían hablar con Harry. Eso al menos hasta que el estómago de Ron habló por todos y mostró su disgusto.

-No sé ustedes, pero yo iré a las cocinas a ver si puedo encontrar algo de comida antes del desayuno-dijo el pelirrojo, si una pizca avergonzado de su infinita hambre.

-Creo que podría agradecer una taza de café-dijo la chica, sonriéndole a su amigo. Ambos caminaron en dirección a las cocinas como si fuera algo que todos los estudiantes hicieran a diario.

-¿Malfoy, por qué no te nos unes?-preguntó el pelirrojo, pasando una mano por su cabello como única muestra de nerviosismo.

-Bueno, supongo que ya pasé la noche con ustedes… no hay mucho más que pueda perder en cuanto a dignidad-dijo el rubio con una sonrisa que los chicos parecieron saber interpretar como amigable.





-¿Poppy, cómo está Potter?-preguntó una voz preocupada por detrás de las cortinas del cubículo.

-Está descansando, Severus, vuelve más tarde-le respondió la voz de la enfermera.

-Le traje una poción vigorizante. ¿Se la puedo dejar en la mesa?-preguntó nuevamente la voz que ahora era posible reconocer como la de Severus Snape.

-¡Arg, está bien! Pero si escucho alguna queja de su parte de sacaré de una oreja-respondió Pomfrey, un tanto enojada.

-Gracias, Poppy-respondió el profesor, aparentemente de buen ánimo.

El hombre entró al cubículo unos segundos después con una poción burbujeante en sus manos. Dejó la copa junto a la mesa de noche y se sentó en una silla cercana a esperar que Potter despertara. No era que tuviera que hablar con él de algo importante, sólo necesitaba asegurarse del estado mental del chico después de esa experiencia. Toda la semana anterior el muchacho había dado muestras de estar seriamente estresado y no creía que las cosas fueran a mejorar después de la transformación.

Cinco minutos después Harry aún no despertaba, pero alguien del cubículo contiguo se levantaba de su camilla para entrar al del chico.

-¿Severus, cómo estás?-preguntó una voz muy clara que sacó a Snape de sus ensoñaciones para notar al recién llegado.

-¡Lupin! ¡Dónde demonios te habías metido! ¡Potter y Albus estaban muy preocupados por ti! Tuvieron a todo el mundo de cabeza buscándote-le reclamó Snape en el susurro más enojado que pudo conjurar.

Remus tomó asiento en una silla, al otro lado de la camilla del chico. Sus ojos no se movieron del rostro de Harry por un momento, y cuando lo hicieron fue para mirar al otro hombre directamente. Silenciosamente lanzó un hechizo silenciador alrededor del cubículo.

-Un grupo de mortífagos me atrapó hace unas semanas, me tuvieron prisionero con la esperanza de que mediante tortura pudiera hacerlos llegar con Harry-dijo casi sin inmutarse.

-¿Estás hablando en serio? No me enteré de nada por el estilo en la última reunión-replicó Snape, su rostro blanco de temor. El no ser informado de un acto tan importante contra alguien de la Orden del Fénix sólo podía significar que su lugar estaba siendo cuestionado.

-No bromearía con algo así, sobre todo si eso significaba no poder ayudar a Harry en este tiempo-dijo el licántropo quien, Severus notó, había optado por tomar una de las manos del chico entre las suyas, acariciándolas suavemente con un pulgar-. Si te sirve de consuelo, no creo que Voldemort haya estado enterado del asunto. Aparecieron un día mientras volvía del Caldero Chorreante a mi casa y me atacaron en el camino. Me llevaron a una casucha cercana y me mantuvieron ahí. Me escapé en cuanto pude.

-Supongo que si no te llevaron al castillo es buena señal-comentó Snape, reclinándose nuevamente en su silla. No había notado cuando era que se había movido de su antigua posición, pero debía haber sido cuando Lupin había entrado-. Si Voldemort hubiera ordenado tu rapto habría querido ver resultados inmediatamente; un par de semanas sin ser presentado ante él es demasiado tiempo. ¿Les dijiste algo? ¿Pudiste ver quiénes eran?

-No les dije nada, por quién me tomas. Sufro suficiente tortura todos los meses como para que el Cruciatus no sea tan fuerte como para volverme loco. En cualquier caso, la seguridad de Harry está en mis manos y no voy a arriesgarla-dijo el ex merodeador, su rostro impasiblemente serio-. Por otro lado, estoy casi seguro que uno de ellos era Amycus Carrow, y me enteré de algunas cosas que no creo que sepas. Al parecer hay un espía en el colegio, una chica. Carrow no estaba muy feliz contigo, y es por eso que empezó a hablar de ella, así que lo más probable es que esté buscando un desliz de tu parte.

El hombre lobo más viejo le miró mientras Severus absorbía la noticia. El alivio que había sentido cuando Lupin había dicho que no estaban bajo órdenes de Voldemort se había desvanecido completamente al escuchar de ese espía. Un espía significaba que tendría que ser capaz de justificar cada uno de sus movimientos y frases. Snape trató de evitar la mirada del otro. Su trabajo era sólo cuestión de él, y no le gustaba que se preocuparan de él como si no fuera capaz de llevarlo a cabo.

Miró las manos entrelazadas en la camilla buscando algo que le desconcentrara. Se produjo un silencio, de esos incómodos. Al menos era incómodo para Severus. Él no estaba acostumbrado a ver esa clase de intimidad entre las personas, y verla, así tan de frente, le era sumamente extraño. Quizás había pasado demasiado tiempo de su vida solo, que de pronto sintió la necesidad de un abrazo real y sincero.

-¿Por qué la mano?-preguntó Severus, sin poder resistirse a hacer la pregunta. Esas caricias que Remus le estaba dando a Harry debían tener una razón, y por algún motivo necesitaba saberla.

-¿Esto?-preguntó Lupin, señalando a sus pulgares, que acariciaban ligeramente la mano de algo que me madre hacía después de mis transformaciones, cuando era niño. Cuando llegué al colegio y me sentía triste por alguna razón... Lily siempre lo notaba y hacía lo mismo. Siempre me hicieron sentir mejor ese tipo de caricias, pensé que a Harry también le ayudarían de alguna forma.

-Licántropos, solo ustedes se entienden-dijo Severus, con gesto petulante en sus labios que Lupin, tras años de haber aguantado al hombre, descubrió eran los inicios de una sonrisa que nunca se terminaba de formar.

-Si no nos entendemos entre nosotros, quién lo haría.




Cuando Harry despertó, unas horas después, había una mano que sostenía la suya. Remus estaba ahí con él, como si fuera un padre cuidando a su hijo enfermo, y el chico no pudo evitar sonreír ante la idea. Estaba seguro que el merodeador sería un gran padre, quizás mucho mejor de lo que Sirius jamás llegaría a ser dado su carácter.

Con cuidado trató de sacar su mano de entre las del hombre que dormía con su cabeza apoyada en la cama. Necesitaba salir de la enfermería; ya había pasado suficiente tiempo ahí como para tener su cuota del año. No quería estar ni un minuto más ahí. Se levantó y buscó su ropa en la cercanía a su cama, encontrándola junto al bolso que había llevado la noche anterior antes de la transformación.

Su cuerpo dolía como nunca antes, incluso comparable con los efectos secundarios del Cruciatus; sus huesos dolían tanto o más que sus músculos y se sentía pesado. Quizás hubiese sigo mejor quedarse allí hasta sanar un poco más, pero necesitaba salir al aire libre. Quizás incluso hablar con sus amigos y ver si era posible que le perdonaran. También podría ver si tenía una pequeña conversación con Malfoy, había muchas cosas que necesitaban ser dichas.

Mientras se abrochaba su túnica sobre su pecho sintió que alguien clavaba la vista en él y se dio vuelta para ver cómo Lupin le miraba con sorpresa desde la silla en la que había estado sentado.

-No pensé que fueses a reponerte tan rápido-comentó con una sonrisa.

-No sé qué tan repuesto esté, pero quiero salir de la enfermería-dijo Harry, un poco de sonrojo subiendo a sus mejillas-. No aguanto otro minuto más aquí. Remus rió y le pasó su varita al tiempo que se ponía de pie.

-Llamaré a Poppy, conseguiremos que te dé de alta y saldremos a caminar un rato. ¿Qué te parece?-dijo el hombre antes de salir del cubículo de pantallas que rodeaba la camilla.

La enfermera trató de ser lo más concisa posible, probablemente por petición de Remus, comprobando con un par de hechizos qué tan bien estaba la salud del chico. Se detuvo por unos minutos en su brazo, comprobando que los vendajes no se hubieran movido y que la herida no se hubiera reabierto. Cuando todo estuvo claro los sacó de la enfermería con la promesa de no volverlos a curar si se aparecían por ahí con yagas nuevas.

-Severus me contó que te respondió las preguntas de la libreta todo lo que pudo cuando no estuve ¿Tienes alguna duda aún?-preguntó el ex profesor después de que hubo lanzado un hechizo que Harry no reconoció, pero que según dijo permitiría que la conversación se mantuviera privada aún cuando caminaran por el castillo.

-Sólo una realmente-dijo Harry, poniéndose rojo al recordarla-. Es con respecto a las relaciones amorosas. Snape dijo que los lobos eran monógamos, que tenían parejas de por vida. Pero dijo que no sabía mucho al respecto así que era preferible preguntarte a ti. Mencionó también algo de una prueba y un beso-añadió sabiendo que eso último era lo que más le importaba de la pregunta, al menos de momento.

-Eso… bueno, eso no es tan literal como parece-dijo Remus, poniéndose rojo también, aunque trató de ocultarlo-. Lo primero que tienes que entender es que todo hombre lobo es por defecto un lobo alfa. Macho o hembra será un alfa. Y un alfa solo hará pareja con otro alfa, aunque hay muy contadas excepciones. La prueba de la que hablaba Severus tiene que ver con eso. El lobo pondrá a prueba a la persona de la que te enamores, aún cuando tú no te des cuenta.

-¿Qué tipo de prueba, Remus?-preguntó Harry, preocupado.

-No sabría decirte realmente, pues nunca he pasado por ella tampoco-dijo él, riendo-. Pero los pocos licántropos con pareja con los que he hablado siempre me dicen lo mismo, que no saben cuando fue que la prueba empezó por completo pero que en el momento en que sus parejas la pasaron todos sintieron que por primera vez algo andaba bien. Por primera vez se sintieron seguros de estar en una relación sin la presión de que la persona se iba a dar cuenta que estaba con un monstruo.

-Vaya, eso tiene que sentirse bien-Harry rió ante la idea de algún día sentirse así. No se veía para nada cercana y ni siquiera lo podía imaginar-. ¿Y el beso qué tiene que ver en todo esto?

-Todo lo que tiene que ver con los lobos tiene que ver con la saliva; seguramente lo notaste al leer el libro. Si muerdes a alguien estando como lobo será sólo si hay contacto del músculo y sangre con la saliva del lobo que la persona será infectada-ya estaban pasando las puertas hacia los terrenos del colegio y Harry no se pudo sentir mejor que en esos momentos, con el frío de los últimos días de invierno y el calor del sol pegándole en la cara-. Cuando en un beso hay intercambio de saliva ocurren dos cosas. Por un lado el lobo reconoce el sabor del otro como un posible alfa (digamos que el lobo asume que no te meterías con cualquiera) y se hace a la idea que la prueba podría empezar por lo que esta persona estaría un poco más protegida de los arranques del lobo. Lo otro que pasa es que el lobo grabará este sabor de forma que, si el sabor llegara a cambiar, el lobo supiera que no le fue fiel. Y por lo tanto la prueba falla.

-¿Y si falla? ¿Los lobos no eran monógamos?-preguntó Harry confundido.

-Son monógamos, en cuanto encuentran a su alfa. Si la persona con la que salías resulta no ser el alfa que andabas buscando puedes seguir hasta encontrarte con el que realmente necesitas. Con la pareja que el lobo está segura que será la ideal para ti-dijo Remus, con una sonrisa cariñosa mientras desordenaba el cabello del chico.

-Bueno, eso ciertamente me da más libertad. Yo ya me estaba imaginando que terminaría enamorándome de la primera persona a la que besara-dijo Harry con un poco de burla, teniendo más que claro que Remus estaba consciente que la primera persona a la que Harry había "besado" era Malfoy durante el ritual.

-Malfoy no sería un mal partido, si es que realmente está de nuestro lado-dijo el ex profesor, sonriéndole al chico junto a él de forma pícara.

-¡Remus!-exclamó Harry, sorprendido.

-Vamos, Harry, no es como que la homosexualidad sea tan mal mirada aquí como lo es en el mundo Muggle. Después de todo hace mucho que los magos entendieron que el poder vence sobre muchas cosas-Remus seguía riendo, como si hubiera algún recuerdo plagando su mente que le causara gracia-. Quizás podrías preguntarle a Sirius, estoy seguro que él te podría un par de ideas dado su vasto conocimiento del asunto.

-¿Estás bromeando? ¿Sirius es gay?-preguntó Harry, cada segundo más impresionado.

-Yo creo que es más bisexual que gay, y estoy seguro que me matará por contarte, pero si logra que te sientas mejor con respecto al beso del ritual estoy seguro que lo pasará por alto-dijo Remus con una sonrisa.

-No me molesta el beso, realmente-dijo Harry después de unos minutos-. La verdad es que ni siquiera me molesta Malfoy, sólo me disgustaba la idea de no tener control sobre la persona de la que me enamorara.

-Pues ahora sabes que no tiene nada que ver una cosa con la otra-dijo el hombre. Tranquilos fueron caminando hacia la orilla del lago. Anduvieron en silencio hasta que sus pies sintieron el cambio de textura entre el pasto y la arena. Remus de pronto se sentó e invitó a Harry a repetir la acción-. ¿Tienes alguna otra duda sobre ser un lobo?

-No de momento, ninguna que sea tan importante como para recordarla-dijo Harry, negando con la cabeza.

-Hay algo un poco más serio de lo que quería hablarte.

-¿Qué pasa?-preguntó el chico, preocupado.

-Dumbledore está al corriente de lo que te voy a decir, se lo dije hoy en la mañana mientras dormías-empezó Remus, mientras sacaba una barra de chocolate que partió dándole una parte a Harry-. No sé cómo explicar lo que sucedió estas semanas en las que estuve desaparecido sin hacerte entender primero una práctica horrible que han tenido los mortífagos durante años. Es esta misma la mayor arma que tenemos para convencer a los hombres lobo para que no se unan a él.

-¿De qué hablas, Remus? ¿Qué te pasó estas semanas?-preguntó Harry, tomando el chocolate y comiendo un pedazo. Al parecer esta conversación necesitaría todo el vigor que éste le pudiera dar.

-No es extraño que los mortífagos consideren a los licántropos como sangre impuras, sean estos de sangre limpia o no en el momento en que fueron transformados. Es por esto que son tan perseguidos como cualquier nacido de Muggle o Muggle, si es que no más al haber hecho el cambio-dijo el hombre, mirando como el sol se reflejaba en la superficie del lago-. De cierta forma todo el mundo termina enterándose cuando alguien se convirtió, sobre todo si es conocido, por lo que no es difícil para ellos mantener un registro de quienes se transformaran. Dumbledore ha estado tratando de que el gobierno tome consciencia de lo vulnerables que están estas personas a los ataques mortífagos, pero el ministerio ha hecho caso omiso a las denuncias pues nunca se ha interesado realmente por las criaturas mágicas. Y para el ministerio no somos más que criaturas, en el momento en que nos convertimos en hombres lobo dejamos de tener el mismo valor a sus ojos.

-¡Eso es horrible! Me refiero… sabía que el ministerio no era amigable con los licántropos pero no hacer caso a denuncias de violencia es algo que se sale de todo entendimiento-exclamó Harry, sorprendido y apesadumbrado ante la injusticia que se presentaba ante él.

-Pues ese es el estado en el que se encuentran las cosas de momento-dijo Remus, con una mueca de desprecio en su rostro-. No conozco a nadie que no haya sido víctima de la violencia mortífaga previa a la luna llena, al menos en algún punto de su vida.

-¿Tu también, Remus?-preguntó Harry, temiendo la respuesta que su amigo pudiera darle.

-Yo también, Harry. Y Voldemort no te quisiera matar por ser quien eres estoy seguro que sus mortífagos también te tratarían igual de llegar a enterarse-dijo él, mirando al chico directamente para que entendiera que lo que estaba diciendo lo decía muy en serio-. Pero eso no es más que la mitad de lo que te quería decir. Durante las semanas en las que estuve desaparecido fui atrapado por unos mortífagos, que me mantuvieron encerrado en Londres hasta que pude escapar. No tengo muy claro cuál era la idea de encerrarme, pero estoy casi seguro que no tenía que ver con Voldemort. Quizás alguna especie de cacería durante la luna llena. Si no me equivoco fue algo similar lo que hicieron en el borde del bosque la noche en que te transformaron, y es la única razón por la que se me ocurre que hubieran lobos en él. El bosque es hogar de muchas criaturas peligrosas, pero nunca de licántropos.

-¿Es culpa de los mortífagos el que yo ahora sea un hombre lobo?-preguntó Harry, enojado.

-Probablemente-respondió Remus, lo más sinceramente que pudo-. El punto Harry-dijo el hombre, devolviendo la conversación al cause que él quería-, es que durante el tiempo que estuve ahí pude escuchar suficiente como para entender que hay un espía en el castillo. No sé cuáles serán sus órdenes específicamente pero ya está en el castillo. Probablemente es una chica. Tienes que tener mucho cuidado, Harry. No puedes arriesgarte a que alguien se entere del cambio de alianza de Malfoy, ni Snape. Mucho menos de tu cambio. No es tu vida la que corre peligro si se enteran que ahora eres un lobo, sino que es muy probable que encuentren la manera de usar eso en tu contra. Tienes que prometerme que serás cuidadoso, que no andarás por el castillo buscando al espía.

-No necesitas hacerme prometer eso, Remus-dijo Harry, completamente serio-. No pretendo ir arriesgando mi vida a tontas y a locas para poder averiguar eso. Tengo más que claro que no seré solo yo quien caiga en peligro, si no probablemente Ron y Hermione.

-Quizás sea bueno que incluyas a Malfoy en esa lista. Después de todo el también se arriesgó por estar contigo anoche-dijo Remus, de nuevo con esa sonrisa pícara que cambió el humor de la conversación en ciento ochenta grados.

-Sí, quizás lo incluya-dijo Harry con una carcajada. El sonido del pasto quebrándose tras ellos, más el aroma de sus amigos le llevó a mirar atrás al tiempo que Remus anulaba el hechizo que proveía su privacidad.

-Estábamos justo hablando de ustedes-dijo el ex profesor con una sonrisa al tiempo que se ponía de pie y sacudía su ropa de restos de pasto-. Recuerda lo que te dije, Harry.

-Sí, Remus, lo recordaré. Vigilancia constante y todo eso-dijo Harry con una sonrisa también.

-Adiós chicos, cuídenme a Harry ¿ok?-preguntó retóricamente antes de irse.

-Por supuesto, Profesor Lupin-contestó Hermione, antes de que se hubiera escapado de su campo auditivo-. Lo cuidaremos siempre que nos permita hacerlo-añadió luego, mirando a Harry de forma que no le quedara duda al chico con respecto a qué se refería.

Harry le devolvió la mirada de forma tranquila, algo triste, pero tranquila. Miró a Ron luego y ambos mantuvieron el examen por un largo rato, hasta que Harry movió sus ojos nuevamente a los de Hermione. Malfoy, que los había estado acompañando todo el día (negaría a todo el mundo el hecho que los consideraba agradables si era necesario), sólo se sentó a verlos intercambiar miradas, sabiendo que de alguna forma ese trío se había dicho todo sin necesidad de tener que hablar. Su teoría fue demostrada cuando Hermione y Ron se lanzaron sobre Harry y le abrazaron con fuerza, murmurando contra su pecho todo tipo de cosas. "Te he extrañado tanto" de parte de Hermione. "Es bueno tenerte de vuelta, hermano" de parte de Ron.

-Chicos, debemos entrar al castillo-dijo Harry de pronto, como oliendo el aire a su alrededor-. Se pondrá a llover luego y si no nos vamos ahora quedaremos empapados.

Se puso de pie y ayudó a Hermione a que también lo hiciera, pasándole una mano para que se afirmara primero y luego abrazando sus hombros para mantenerla lo más cerca posible. Le había causado un gran susto a la pobre chica y ahora quería estar seguro que ella no lo odiaría para siempre por ello.

-¿Desde cuando tanto miedo al agua, Harry?-preguntó Ron, de manera burlona-. ¿No eran los gatos los que le tenían miedo? Sería más lógico que McGonagall se metiera al castillo ante la idea de lluvia.

-Yo me quedaría afuera, Ron-dijo Harry con una sonrisa de extremo a extremo-. Pero Hermione puede tener frío, y hay que tratar a las señoritas como se lo merecen. Aunque no sé si eso es algo de lo que tú sepas, los modales no son tu fuerte-añadió luego.

-Pues te informo, Harry Potter, es especialista en la invocación de fuego y si tuviera tanto frío como para necesitar más abrigo siempre puedo usar mi magia. Soy la única del grupo que no parece olvidar que para eso sirve, después de todo-dijo Hermione, de muy buen humor al ver como sus amigos bromeaban entre sí-. Aunque estoy de acuerdo con eso, Harry. Los modales no son lo tuyo, Ron.

El trío entero se puso a reír en ese instante. Draco trató de guardarse ese sonido en lo más profundo de su memoria pues le parecía imposible que después de tanto tiempo, en que cada uno sufría en su rincón, estos chicos fueran realmente capaces de perdonarse unos a otros con solo una mirada. Le parecía que hacía milenios no escuchaba la risa de Potter o Granger, así, tan libres.

Draco los escuchó reír, gritar y abrazarse todo el camino hasta el castillo. Se veían tan bien así, juntos como siempre debieron haber estado. Por un segundo le habría gustado haber podido reír, gritar y ser abrazado junto con ellos, pero sabía que eso era completamente irracional. Un Malfoy no hacía esas cosas y el trío nunca tendría tanta confianza en él como parecían tener entre ellos. Decidió entonces que era mejor alejarse de ellos antes que esos pensamientos volvieran a aparecer. Ya había sido mucho el que hubiera compartido la mayoría del día entre dos de los miembros del trío, más tiempo con ellos y era posible que se empezara a sentir como si esa confianza entre las personas fuese algo normal, algo que se estaba perdiendo. No, era mejor alejarse ahora que aún estaba a tiempo y en unos días esa nostalgia pasaría, volvería a ser el mismo Malfoy de antes, aquel a quien todos odiaban.

-Bueno, chicos, aquí es cuando nuestros caminos se separan-dijo Draco cuando llegaron a la puerta del castillo-. Que estén bien-añadió antes de hacer un saludo con la mano y caminar en dirección a las mazmorras sin esperar respuesta de parte del grupo.

-¿Se pueden adelantar?-dijo Harry de pronto, cuando Malfoy hubo desaparecido tras una esquina-. Hay algo que necesito hablar con Draco.

-Sí, sí claro, Harry. Ve, nosotros esperaremos en la sala común-dijo Hermione con una sonrisa.

Harry corrió tras el rubio antes que Ron pudiera articular palabra. La chica empezó a subir las escaleras hacia la torre con el pelirrojo tras sus pasos. No fue hasta poco después de llegar al cuarto piso que Ron por fin pudo articular palabras y salió con la pregunta del millón de galeones.

-¿Draco? ¿Desde cuándo Harry le dice Draco a Malfoy?





En otro lugar del castillo, para ser precisos en las mazmorras, una sombra se movía sigilosamente. Hoy había visto cosas y escuchado muchas más, pero pocas eran tan sorprendentes como los ojos de Potter cuando tomó la mano de Malfoy y le metió tras un cuadro. La sombra sonreía con malicia, una idea rondando por su cabeza como una guillotina a punto de caer sobre la cabeza de Dumbledore. Tomó un pergamino y empezó a escribir:

Maestro.

Potter guarda un secreto. El heredero de los Malfoy cambió de bando. El licántropo sabe de mi presencia. Dumbledore parece tener una idea extraña y envió a Black en una misión especial. Necesito un traslador.

-S.


Terminada la carta la encogió hasta poder meterla en un bolsillo que ató a la pata de una lechuza que esperaba a su lado. Una vez estuvo todo listo le dijo en voz baja.

-Lleva esta carta a Voldemort lo más rápido posible-dijo con sorna-, o me aseguraré que no te vuelvan a salir alas.

Dichas esas palabras la lechuza voló tan rápido como nunca se había visto volar a una lechuza. La sombra no pudo más que reír ante la idea que la lechuza hubiese entendido de lo que hablaba cuando la había amenazado y cómo se vería una lechuza sin alas.

La sombra tocó con su varita el cuerpo que había a sus pies y con un hechizo sacó la sangre de su cuerpo hasta que tuvo la suficiente como para poder meter en uno de los calderos del salón. Silbando contenta mientras cometía sus atrocidades la chica se lanzó a completar su labor. Un par de hechizos más el cuerpo sin sangre se elevó hasta quedar pegado al techo, hechizado para caer en cuanto un alumno abriera la puerta. Contenta con un trabajo bien hecho la sombra se alejó del lugar, silbando una canción de Las Brujas de Macbeth.

En la pizarra del salón, con letras todavía escurrían la sangre fresca con la que habían sido escritas, se podía leer: "El señor Oscuro viene y está vez los matará a todos. Empezando por Potter y los que traicionaron a sus familias"

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